Rosalía actuando en el escenario durante su concierto del Lux Tour en Madrid con una puesta en escena artística y visual

Rosalía resurge en Madrid con un “Lux Tour” monumental entre lo sagrado y lo pop

La artista catalana transforma el Movistar Arena en una “ópera contemporánea” tras superar su cancelación en Milán

Cinco días después de cancelar su concierto en Milán por una intoxicación alimentaria, Rosalía reapareció en Madrid con un espectáculo que combinó ambición artística, potencia escénica y simbolismo religioso. El arranque español de su “Lux Tour” no solo despejó dudas sobre su estado físico, sino que confirmó su capacidad para convertir cada directo en un evento cultural de gran formato.

Ante más de 17.000 asistentes, la cantante ofreció un concierto estructurado como una obra en actos, donde lo espiritual, lo teatral y lo urbano conviven en un mismo lenguaje.

De la caída en Milán al renacimiento en Madrid

La actuación en la capital llegaba marcada por la incertidumbre tras su reciente cancelación en Italia. Sin embargo, la respuesta fue clara: Rosalía cumplió con un show de gran exigencia vocal y física, sin evidencias de debilidad en los momentos clave.

El contexto no pasó desapercibido. En plena Semana Santa, la artista reforzó el imaginario religioso que atraviesa su nuevo proyecto Lux, jugando con referencias a la resurrección, lo místico y lo litúrgico. Un concepto que también se trasladó al público, con estética inspirada en velos, coronas o símbolos espirituales.

Una escenografía entre la iglesia y el teatro

El diseño del espectáculo —concebido junto a Pilar Vila y dirigido por Ferran Echegaray y Dennis Vanderbroeck— apostó por una puesta en escena singular: un escenario en forma de cruz, sin pasarela convencional, con una orquesta de más de 20 músicos situada en el centro.

Lejos del formato de su anterior gira de Motomami, donde predominaban las bases pregrabadas, aquí la música en directo gana protagonismo y refuerza el carácter operístico del show.

Desde el inicio, con Rosalía emergiendo como una figura frágil desde una caja escénica, hasta el uso de elementos como un botafumeiro luminoso o referencias pictóricas, el concierto se mueve entre lo sacro y lo performativo.

“Lux” como eje y la evolución desde “Motomami”

El repertorio se centró principalmente en su nueva etapa, con Lux como columna vertebral. Canciones como “Berghain” —reconvertida en clave techno— marcaron uno de los puntos álgidos, junto a bloques más electrónicos y bailables que desataron la euforia del público.

Aun así, el legado de Motomami estuvo presente con temas como “Saoko”, “La Fama”, “Bizcochito” o “Despechá”, consolidando la conexión con el público. La fusión de géneros —del flamenco al reguetón, pasando por la música clásica o la electrónica— volvió a ser una de sus señas de identidad.

En contraste, llamó la atención la ausencia casi total de trabajos anteriores como El Mal Querer, lo que refuerza la idea de una artista centrada en su evolución más reciente.

Momentos clave: arte, viralidad y conexión

El concierto dejó varias imágenes destacadas:

  • La interpretación de “La perla”, con una coreografía inspirada en esculturas clásicas
  • La recreación museística con referencias a la Mona Lisa
  • La interacción con el público mediante dinámicas visuales en pantalla
  • La aparición de Esty Quesada en un momento humorístico dentro de un confesionario escénico

También hubo espacio para guiños musicales, con fragmentos de temas icónicos como “Sweet Dreams” de Eurythmics o “Thank You” de Dido, integrados en su propio universo sonoro.

Del recogimiento al clímax final

El espectáculo transitó desde lo introspectivo a lo explosivo. Tras momentos de fuerte carga emocional —con Rosalía visiblemente emocionada en varios pasajes—, el tramo final elevó la intensidad con una sucesión de éxitos bailables.

El cierre llegó con “Magnolias”, una balada sobria que contrastó con el frenesí previo y dejó al público en silencio antes de la ovación final.

Un fenómeno artístico y comercial

Más allá de lo musical, el concierto evidenció también la dimensión empresarial de la artista, con una potente presencia de marca y una producción de gran escala. Rosalía se consolida así como una figura capaz de equilibrar vanguardia creativa y éxito comercial.