La entrada de activistas en las instalaciones en construcción de Microsoft en Ámsterdam coincide con una movilización internacional contra la expansión de los grandes centros de datos. El consumo energético, el uso del agua y las consecuencias sociales de la inteligencia artificial están en el centro de un debate que afecta al futuro tecnológico de Europa.
La expansión de la inteligencia artificial ha encontrado un nuevo foco de oposición en Europa. Más de un centenar de activistas se concentraron el viernes 6 de noviembre en las obras de un centro de datos vinculado a Microsoft en Ámsterdam, donde parte de los manifestantes accedió al recinto y varios escalaron estructuras de construcción.
El episodio coincide con una campaña internacional de protestas contra los centros de datos de IA, impulsada por organizaciones ecologistas y colectivos de defensa de los derechos digitales, que reclaman una mayor supervisión de estas infraestructuras.
Las movilizaciones reflejan una preocupación creciente: el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial necesita enormes instalaciones informáticas, pero su funcionamiento también exige electricidad, sistemas de refrigeración y recursos que pueden afectar a las comunidades donde se construyen.
Mientras las empresas tecnológicas consideran estas infraestructuras indispensables para mantener la competitividad digital, los colectivos críticos piden transparencia y controles ambientales más exigentes.
Qué ocurrió en las instalaciones de Microsoft en Ámsterdam
La protesta más destacada se produjo en el distrito industrial de Westpoort, en Ámsterdam, donde se construye un centro de datos destinado a prestar servicios vinculados a Microsoft.
Según la información publicada por Reuters y The Guardian, activistas del colectivo neerlandés Geef Tegengas consiguieron acceder a la zona de obras. Algunos escalaron una grúa y otras estructuras, mientras la policía intervenía para controlar la situación.
Las autoridades policiales comunicaron que un agente sufrió heridas leves durante los incidentes. Los manifestantes, por su parte, denunciaron el uso de la fuerza por parte de los agentes.
La entrada en las instalaciones fue una acción distinta de la protesta organizada por la coalición internacional Stop Dirty Data Centres. Aunque ambas iniciativas coincidieron en el lugar, los participantes vinculados a esta última permanecieron fuera del perímetro de construcción.
Microsoft defendió el derecho a la protesta pacífica, pero rechazó las actuaciones ilegales o que pudieran poner en peligro la seguridad de las personas.
Pure Data Centres, propietaria del emplazamiento, solicitó que los activistas abandonaran el recinto de manera segura y ofreció abrir un diálogo sobre las preocupaciones relacionadas con el proyecto.

Recreación editorial del interior de un centro de datos equipado con servidores de alta capacidad destinados al procesamiento de inteligencia artificial.
Una movilización europea contra la expansión de la IA
Lo sucedido en Países Bajos forma parte de un contexto más amplio de oposición a los grandes centros de datos.
La coalición Stop Dirty Data Centres anunció movilizaciones durante los días 6 y 7 de noviembre en distintos países europeos. Su objetivo es conseguir una paralización temporal de los nuevos proyectos de gran escala hasta que existan normas suficientemente claras sobre sus efectos ambientales y sociales.
Durante la primera jornada se registraron concentraciones en ciudades como Berlín, Varsovia, Bristol y Zagreb. También se habían programado iniciativas en Irlanda y Dinamarca.
Los organizadores sostienen que muchas decisiones sobre la instalación de estas infraestructuras se adoptan sin una participación suficiente de las comunidades afectadas.
Entre las principales inquietudes figuran el acceso a la electricidad, la utilización de agua para refrigeración, la ocupación del suelo y las consecuencias sobre los precios de la energía.
Los activistas también cuestionan la concentración de recursos tecnológicos en grandes compañías multinacionales y sus posibles efectos sobre el empleo y la privacidad.
Sin embargo, la campaña no plantea necesariamente cerrar las instalaciones existentes. Su principal reivindicación es revisar las condiciones bajo las que pueden desarrollarse nuevas infraestructuras.
El consumo eléctrico de la inteligencia artificial, en el centro del conflicto
Uno de los aspectos que explican el aumento de las protestas es el crecimiento de la demanda energética.
Los centros de datos albergan miles de servidores que permiten almacenar información, ejecutar servicios digitales y procesar operaciones de inteligencia artificial.
Estas instalaciones necesitan electricidad de forma continua. Además, sus equipos generan calor, por lo que requieren sistemas de refrigeración capaces de mantener temperaturas adecuadas.
La Agencia Internacional de la Energía calcula, en sus proyecciones actualizadas de 2026, que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos podría pasar de 485 teravatios hora en 2025 a aproximadamente 950 teravatios hora en 2030.
Esto significa que la demanda prácticamente se duplicaría en cinco años y representaría alrededor del 3 % del consumo mundial de electricidad al finalizar la década.
El crecimiento sería todavía más pronunciado en las instalaciones especializadas en inteligencia artificial, cuya demanda eléctrica podría triplicarse durante ese periodo.
No obstante, el impacto depende del tipo de infraestructura, de su eficiencia, del origen de la electricidad utilizada y de las condiciones de la red energética local.
Por ello, los expertos distinguen entre el consumo global del sector y las consecuencias específicas de cada proyecto. Una instalación puede tener un peso relativamente reducido en el balance mundial y, al mismo tiempo, representar un desafío importante para la red eléctrica de una región concreta.

Recreación editorial de la infraestructura energética necesaria para el funcionamiento de los grandes centros de datos de inteligencia artificial.
La Unión Europea busca impulsar la tecnología sin perjudicar al medioambiente
Las protestas plantean un dilema estratégico a las instituciones europeas.
La Unión Europea quiere aumentar su capacidad informática para competir con Estados Unidos y China, reducir su dependencia tecnológica y desarrollar sus propios sistemas de inteligencia artificial.
Sin centros de datos suficientes, las empresas europeas podrían encontrar dificultades para desarrollar y utilizar servicios digitales avanzados.
Sin embargo, esa expansión también debe cumplir los objetivos energéticos y ambientales comunitarios.
La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea Henna Virkkunen defendió, en declaraciones recogidas por Reuters, la necesidad de incrementar la capacidad europea de procesamiento informático.
Al mismo tiempo, advirtió sobre la importancia de evitar que el crecimiento del sector provoque aumentos desproporcionados en las facturas eléctricas, problemas de suministro o daños ambientales.
La Comisión Europea también reconoce que el consumo de agua y electricidad constituye uno de los principales desafíos de estas instalaciones.
En septiembre de 2026, el Ejecutivo comunitario propuso un sistema común de clasificación destinado a mejorar la transparencia sobre el rendimiento energético y el uso de recursos de los centros de datos.
La cuestión ya no es únicamente cuántas instalaciones necesita Europa, sino dónde deben construirse, qué recursos pueden consumir y qué garantías deben ofrecer a la población.
Qué consecuencias pueden tener estas protestas para el futuro de la IA
El conflicto puede influir en la planificación de nuevas inversiones tecnológicas, aunque todavía es pronto para determinar sus consecuencias concretas.
Las empresas del sector defienden que los centros de datos son esenciales para la actividad económica moderna. De ellos dependen servicios bancarios, comunicaciones, almacenamiento en la nube, investigación científica y numerosas aplicaciones de inteligencia artificial.
También sostienen que su construcción puede generar inversión, actividad económica y oportunidades de empleo.
Los colectivos contrarios a determinados proyectos responden que estos beneficios deben analizarse junto con los costes de infraestructura, las necesidades energéticas y la utilización de recursos públicos o naturales.
En este escenario, algunos gobiernos podrían encontrarse ante decisiones complejas: facilitar las inversiones para impulsar el desarrollo digital o establecer condiciones adicionales que permitan reducir sus efectos sobre las comunidades.
Entre las soluciones que forman parte del debate se encuentran la mejora de la eficiencia energética, una mayor utilización de electricidad descarbonizada, la recuperación del calor producido por los servidores y los sistemas de refrigeración que reduzcan la presión sobre los recursos hídricos.
También adquiere importancia la planificación territorial, especialmente en regiones donde las redes eléctricas ya tienen limitaciones para incorporar nuevas grandes instalaciones.
La oposición ciudadana no implica necesariamente un rechazo generalizado a la inteligencia artificial. En muchos casos, expresa la exigencia de que su desarrollo vaya acompañado de información pública, controles independientes y beneficios verificables para los territorios afectados.

