
María Lago
Directora y redactora de ActualidadVirtual
Durante décadas, la sociedad española ha vendido una fórmula supuestamente infalible: «Estudia una carrera y tendrás un futuro». Sin embargo, para la generación actual, este mantra se ha convertido en un eco vacío. Al terminar la universidad, los jóvenes no se encuentran con una alfombra roja hacia el mercado laboral, sino con un muro de incertidumbre y la amarga realidad de que el título es apenas un papel en un entorno que exige enchufe, dinero para másteres prohibitivos o la resignación de trabajar en sectores ajenos a su formación. Es decir, un contrato social roto del que no saben cómo resurgir.
Y es que algo que resulta alarmante es que el sistema educativo prepara a los estudiantes para ser empleados, pero no para ser emprendedores de su propia vida. Se enseña la teoría, pero se ignora la realidad del «después». Esta desconexión genera una frustración profunda en el recién graduado que, con 23 años y una mochila cargada de esfuerzos, se siente incapaz de navegar un sistema que parece premiar más la obediencia al funcionariado (el «carnet de borrego») que la iniciativa privada o el pensamiento crítico.
Se trata de la problemática del mundo moderno: incluso cuando el joven decide emprender por su cuenta en plataformas digitales, se topa con la censura algorítmica y los intereses políticos que comercializan la información. El periodismo, por ejemplo, ya no solo sufre de falta de salidas, sino también de una estructura de control que penaliza a quien se sale del guion establecido.
Tras este planteamiento, mi consejo es claro: la preparación para la vida adulta debe empezar mucho antes de recibir el diploma. No se puede confiar ciegamente en las promesas del Estado o de una sociedad que ya no puede cumplir lo que ofrece. El éxito hoy no radica en esperar a que alguien te contrate, sino en centrarse en un objetivo propio, ignorar el ruido del sistema y «buscarse las habichuelas» con una visión pragmática. El futuro no se recibe; se construye y, a menudo, se hace fuera de los caminos trillados que nos enseñaron en el aula.
Es hora de dejar de esperar el futuro prometido y empezar a construir el futuro necesario.

