El precio de la gasolina en España ha aumentado un 18,4% en apenas seis semanas y el gasóleo un 21,1%, según los datos recopilados por el Boletín Petrolero de la Unión Europea. El fin progresivo de las rebajas fiscales coincide con un nuevo repunte del petróleo y con graves tensiones en el suministro internacional de combustibles.
El precio de la gasolina en España sube más que la media europea
El verano de 2026 está dejando una factura cada vez más elevada para los conductores españoles. Los últimos datos disponibles del Boletín Petrolero de la Comisión Europea reflejan una subida generalizada de los carburantes en el continente, pero muestran que el incremento registrado en España ha sido especialmente intenso. El organismo europeo actualiza semanalmente los precios comunicados por los Estados miembros y su último boletín disponible está fechado el 13 de agosto.
En las últimas seis semanas, la gasolina ha aumentado un 18,4% en España, frente al 8,8% de media en la Unión Europea. En el caso del gasóleo, el avance alcanza el 21,1%, también por encima del 17,3% comunitario. Alemania es una de las excepciones: el diésel ha subido allí ligeramente más, un 21,9%. Pese a este rápido encarecimiento, los precios absolutos españoles siguen siendo inferiores a los de algunos de los grandes mercados europeos.
La situación resulta especialmente sensible por el calendario. Agosto concentra una parte importante de los viajes vacacionales por carretera y cualquier variación de varios céntimos por litro termina trasladándose directamente al presupuesto de hogares, transportistas y empresas.
Pero el incremento no tiene una única explicación. La evolución actual es consecuencia de la coincidencia de tres factores fundamentales: el cambio de la fiscalidad española, el nuevo encarecimiento del petróleo y el deterioro del mercado internacional de productos refinados.

Infografía sobre la subida del precio de la gasolina y el gasóleo en España durante el verano de 2026, sus principales causas, el impacto económico y las rebajas fiscales previstas para septiembre.
1. La retirada de las rebajas fiscales empuja el precio al alza
El primer factor está dentro de España. El Gobierno había reducido temporalmente la fiscalidad energética para limitar el impacto económico de la guerra de Irán y de la crisis de precios que siguió al conflicto. Sin embargo, durante el verano comenzó una retirada progresiva de parte de esas medidas.
El IVA aplicado a los carburantes volvió al tipo general del 21% el 1 de julio, después del periodo extraordinario de reducción. Paralelamente, la rebaja del Impuesto sobre Hidrocarburos comenzó a disminuir progresivamente: 15 céntimos por litro en julio, 10 céntimos en agosto y, en principio, cinco céntimos en septiembre.
Esa recuperación fiscal explica una parte importante de la diferencia entre España y otros países europeos durante las últimas semanas. De hecho, el final del IVA reducido ya supuso a comienzos de julio un encarecimiento estimado de unos 8,5 céntimos por litro para la gasolina y 4,3 céntimos para el gasóleo, según informó EFE.
Hay además una aparente paradoja. España sigue teniendo una carga fiscal sobre los carburantes inferior a la de países como Italia, Alemania o Francia. Esa circunstancia puede abaratar el precio final cuando el mercado está estable, pero también provoca que una proporción mayor del importe pagado en el surtidor dependa directamente de las cotizaciones energéticas internacionales. Por ello, los movimientos del petróleo pueden trasladarse con mayor intensidad al consumidor.
2. El petróleo vuelve a superar los 91 dólares
El segundo elemento procede del mercado internacional. El barril de Brent, referencia para Europa, cotizaba este miércoles 19 de agosto por encima de los 91 dólares y llegó durante la sesión a máximos de tres semanas, en un contexto marcado nuevamente por la incertidumbre alrededor del estrecho de Ormuz.
La tensión geopolítica afecta directamente a las expectativas de suministro. Las dificultades para normalizar completamente el tráfico energético de Oriente Medio y la incertidumbre sobre las negociaciones relacionadas con Irán mantienen una prima de riesgo elevada en el mercado petrolero. Reuters situaba este miércoles el Brent en torno a 91,79 dólares por barril durante la sesión.
El encarecimiento del crudo no es, además, el único problema. Los márgenes de refino en Europa se han situado cerca de máximos históricos. Antes del conflicto iraní, el margen relacionado con el diésel rondaba los 10 céntimos por litro del precio minorista en la zona euro; durante las primeras semanas de julio llegó a unos 35 céntimos. Para la gasolina pasó de aproximadamente cuatro céntimos en febrero a 23 céntimos en julio.
Esto significa que incluso sin una nueva escalada brusca del precio del petróleo, los costes asociados a transformar el crudo en gasolina y diésel pueden continuar ejerciendo presión sobre las estaciones de servicio.

Recreación editorial del fin progresivo de las rebajas fiscales coincide con una nueva presión de los mercados internacionales sobre los carburantes.
3. El diésel afronta un problema añadido de suministro
La evolución del gasóleo preocupa especialmente. Europa está teniendo más dificultades para obtener suficiente diésel en el mercado internacional debido a las alteraciones de las rutas tradicionales de suministro.
Las importaciones europeas de diésel bajaron desde alrededor de 1,97 millones de barriles diarios en enero hasta 1,56 millones en julio, según los datos recopilados por Reuters. Al impacto de Oriente Medio se suma la reducción de la disponibilidad procedente de Rusia, que ha restringido sus exportaciones en un momento de elevada demanda.
El resultado es una anomalía significativa: en agosto, las cargas de diésel llegaron a negociarse en Europa por encima del combustible de aviación por primera vez en más de un año. Los analistas citados por Reuters advierten además de que el riesgo de escasez relativa del gasóleo podría prolongarse hacia el invierno.
Esta circunstancia tiene implicaciones que van más allá del automóvil particular. El diésel mantiene un peso relevante en el transporte de mercancías, la agricultura y distintas actividades industriales, por lo que un encarecimiento prolongado puede terminar repercutiendo en otros costes empresariales y, eventualmente, en los precios finales.
El Gobierno elevará la rebaja del gasóleo en septiembre
La fuerte subida registrada en julio ha activado precisamente uno de los mecanismos de protección previstos por el Gobierno en el Real Decreto-ley 18/2026.
La normativa establecía que, si la variación interanual del IPC de un carburante superaba el 15%, la reducción del Impuesto sobre Hidrocarburos podría aumentar de manera automática. El gasóleo superó ese umbral en julio y, como consecuencia, su rebaja fiscal pasará a ser de 20 céntimos por litro durante septiembre, frente a los cinco céntimos que estaban inicialmente previstos.
La gasolina tuvo una evolución distinta. Al no superar el límite fijado para activar la cláusula extraordinaria, mantendrá el calendario ordinario y contará en septiembre con una reducción de cinco céntimos por litro en el Impuesto sobre Hidrocarburos.
El efecto final sobre el precio de los surtidores, sin embargo, dependerá también de la evolución del petróleo, de los márgenes de refino, de los costes de distribución y de las condiciones del mercado internacional. La rebaja fiscal puede amortiguar parte del incremento, pero no elimina las presiones externas que actualmente condicionan los combustibles.

Recreación editorial del gasóleo acumula una subida del 21,1% en seis semanas y afronta además tensiones internacionales de suministro.
Un problema que vuelve a presionar la inflación
La evolución de los carburantes tiene además una dimensión macroeconómica. La inflación española alcanzó el 3,5% en julio, y el encarecimiento de combustibles y electricidad estuvo entre los elementos que impulsaron el índice, según los datos del INE difundidos por EFE.
El fenómeno tampoco se limita a España. Reuters señalaba a finales de julio que el aumento del petróleo y de los márgenes de refino estaba contribuyendo a elevar los precios energéticos de toda la zona euro, añadiendo presión a una inflación europea que había vuelto a situarse en el 2,9%.
La gran incógnita para las próximas semanas será, por tanto, si la rebaja fiscal prevista para septiembre consigue frenar el impacto sobre los conductores o si un nuevo deterioro de la situación internacional vuelve a trasladarse con rapidez a los surtidores.

