Comprar una vivienda junto al mar se está convirtiendo en una opción cada vez menos accesible para buena parte de los residentes. El precio de la vivienda en la costa española mantiene fuertes aumentos en 2026 y el esfuerzo necesario para adquirir una casa alcanza ya de media el 40% de la renta disponible de los hogares, con porcentajes mucho más elevados en Baleares, Málaga o Alicante.
El mercado inmobiliario español continúa mostrando importantes tensiones durante 2026, pero la situación se intensifica especialmente en las zonas costeras. El encarecimiento de las viviendas, la elevada demanda de segunda residencia, el peso del alquiler vacacional y la compra por parte de no residentes están configurando un mercado donde los hogares locales deben destinar una proporción creciente de sus ingresos para acceder a una vivienda.
Los datos publicados esta semana sobre 250 municipios costeros españoles, excluidas las capitales, sitúan el aumento interanual del precio de la vivienda en el 13,5% durante el primer trimestre de 2026. El precio medio alcanza ya los 2.223 euros por metro cuadrado, un 11,6% por encima de la media nacional, situada en 1.992 euros por metro cuadrado.
El fenómeno no aparece aislado del comportamiento general del mercado. El Instituto Nacional de Estadística confirmó que el precio de la vivienda en España aumentó un 12,9% interanual en el primer trimestre, mientras que la vivienda de segunda mano avanzó precisamente un 13,5% y la nueva un 9,1%. Respecto al trimestre anterior, los precios aumentaron otro 3,5%.

Infografía sobre la vivienda en la costa española continúa encareciéndose en 2026, con un esfuerzo medio de compra del 40% de la renta familiar y porcentajes aún mayores en Baleares, Málaga y Alicante.
El precio de la vivienda en la costa española supera la media nacional
La diferencia entre vivir cerca del mar y hacerlo en otras zonas del país se está ampliando.
Los datos analizados reflejan que adquirir una vivienda en un municipio costero exige dedicar de media alrededor del 40% de los ingresos disponibles del hogar, frente al 34% calculado para el conjunto de España. La distancia es especialmente acusada en algunos de los principales destinos turísticos.
En Baleares, el esfuerzo necesario puede alcanzar el 59% de la renta familiar. En la costa de Málaga asciende hasta aproximadamente el 57%, mientras que en la provincia de Alicante ronda el 46%. Son niveles que superan ampliamente las referencias utilizadas habitualmente para considerar sostenible el gasto residencial.
Esta situación se produce además mientras el conjunto del mercado mantiene aumentos generalizados. Según el INE, todas las comunidades y ciudades autónomas registraron incrementos interanuales del precio de la vivienda durante el primer trimestre. Aragón y Murcia encabezaron las subidas, con un 15,6%, mientras que Comunidad Valenciana alcanzó el 14,3%, Baleares el 13,6% y Andalucía el 13,3%.
El problema, por tanto, no se limita exclusivamente a los enclaves turísticos, aunque es en ellos donde la combinación entre demanda residencial y vacacional está generando una presión más evidente.

Recreación editorial de la vivienda turística y la demanda de segunda residencia compiten con el mercado residencial en numerosos municipios del litoral.
Segunda residencia y alquiler turístico compiten con la vivienda habitual
Uno de los cambios más relevantes del mercado costero es la creciente dificultad para separar la vivienda habitual de la destinada a segunda residencia o explotación turística.
En seis de cada diez zonas costeras analizadas, la segunda residencia está influyendo ya sobre el mercado destinado a la población local, fundamentalmente mediante el aumento de los precios y la reducción del número de viviendas disponibles.
Además, las zonas donde prácticamente ha desaparecido la diferencia entre mercado de primera y segunda residencia han pasado del 8% al 20% en apenas un año.
El Banco de España también ha advertido sobre la especial presencia de la vivienda turística en los grandes destinos. En los datos correspondientes a 2025 utilizados en su último Informe Anual, Málaga aparecía entre las áreas urbanas con mayor peso del alquiler turístico sobre el conjunto de viviendas destinadas al alquiler.
La demanda extranjera representa otro factor de presión.
Los datos del Banco de España muestran que las compras de vivienda realizadas por no residentes alcanzaban una cuota especialmente elevada en determinadas provincias costeras: aproximadamente el 33,3% en Alicante, el 27,9% en Málaga y el 23% en Baleares, frente al 7,4% registrado para el conjunto de España.
Estas cifras no implican que las compras extranjeras sean por sí solas responsables del encarecimiento, pero ayudan a explicar por qué determinadas zonas mantienen una demanda elevada incluso cuando los compradores residentes encuentran mayores dificultades para asumir los precios.
El encarecimiento empieza a extenderse hacia la costa norte
La presión inmobiliaria tampoco se concentra ya únicamente en el Mediterráneo y los archipiélagos.
Los últimos datos apuntan a un desplazamiento gradual de parte de la demanda turística y residencial hacia el litoral cantábrico y atlántico. La proporción de zonas que detectan un trasvase de demanda desde destinos mediterráneos e insulares hacia el norte ha pasado del 14% al 34% en un año.
El cambio se relaciona con factores como temperaturas estivales más suaves, menor saturación turística y precios que, pese al rápido crecimiento reciente, siguen siendo inferiores a los de algunos destinos consolidados.
En este escenario, los precios en municipios costeros aumentaron un 15,8% en Cantabria, un 13,6% en Asturias y un 13,5% en A Coruña. También se registraron avances en Bizkaia, Pontevedra y Lugo.
La evolución muestra cómo la búsqueda de alternativas más económicas puede trasladar progresivamente la tensión inmobiliaria hacia territorios que tradicionalmente habían permanecido fuera de los grandes focos de inversión en vivienda vacacional.
Las hipotecas añaden otra dificultad para los compradores
El aumento del precio no es el único obstáculo.
El Banco de España comunicó en julio que las entidades financieras endurecieron la oferta de crédito durante el segundo trimestre de 2026. Los criterios y condiciones para conceder financiación se volvieron más restrictivos en distintos segmentos y, paralelamente, disminuyó la demanda de préstamos para adquisición de vivienda.
Las entidades anticipaban además un nuevo endurecimiento de la oferta durante el tercer trimestre.
Para un hogar que intenta comprar una vivienda, la combinación de precios más altos, necesidad de aportar ahorro previo y condiciones crediticias más exigentes puede reducir significativamente su capacidad de compra.
El Banco de España ha advertido igualmente de un problema estructural más amplio: el precio de la vivienda ha crecido durante décadas mucho más rápido que la capacidad económica de las familias.
Entre 1980 y 2025, la renta disponible real de los hogares españoles se multiplicó aproximadamente por 1,8, mientras que el precio real de la vivienda lo hizo por 3,5. En la zona euro, la evolución de ambas variables ha sido mucho más próxima.

Recreación editorial del esfuerzo económico necesario para adquirir una vivienda supera ampliamente la media nacional en algunas de las principales zonas costeras.
Una oferta insuficiente frente a una demanda elevada
El desequilibrio entre oferta y demanda continúa siendo una de las principales explicaciones de la evolución del mercado residencial español.
El Banco de España señala que la construcción de nueva vivienda permanece claramente por debajo del ritmo de creación de hogares en las zonas de mayor demanda. Cerca del 90% de las operaciones inmobiliarias corresponden además a viviendas usadas, lo que refleja el limitado peso de la nueva construcción disponible.
Esta escasez adquiere una dimensión todavía mayor en las zonas costeras, donde al comprador residente se suman inversores, demandantes de segunda residencia, compradores extranjeros y viviendas destinadas al mercado turístico.
El resultado es una competencia creciente por un parque residencial que no aumenta al mismo ritmo.

