Warner Bros. decidió que el público nunca llegaría a verla pese a estar completamente terminada. Tres años después, ‘Coyote vs. Acme’ ha llegado finalmente a los cines y ha recaudado 15,5 millones de dólares en su primer fin de semana en Estados Unidos, culminando una extraordinaria historia de cancelación, protestas en Hollywood y rescate empresarial.
‘Coyote vs. Acme’ consigue 15,5 millones tras estar condenada a desaparecer
Pocas películas pueden presumir de haber protagonizado una historia empresarial casi tan peculiar como la que cuentan en la pantalla. ‘Coyote vs. Acme’, la comedia que combina actores reales con los personajes clásicos de Looney Tunes, ha pasado de permanecer archivada sin perspectivas de estreno a ocupar una de las posiciones destacadas de la taquilla estadounidense.
La película consiguió aproximadamente 15,5 millones de dólares durante su primer fin de semana en los cines de Estados Unidos, según las estimaciones de la industria recogidas por Associated Press. El resultado la colocó inmediatamente entre las producciones más vistas del fin de semana.
No consiguió arrebatar el primer puesto a ‘Spider-Man: Brand New Day’, que permaneció líder por quinta semana consecutiva con otros 22,2 millones de dólares, pero las cifras de Coyote vs. Acme adquieren una dimensión especial considerando que hace menos de tres años el plan era que la película no se estrenara nunca.
El recorrido convierte al largometraje dirigido por Dave Green en uno de los casos más llamativos de la reciente industria cinematográfica estadounidense.
Warner Bros. había terminado la película antes de cancelarla
La historia comenzó mucho antes de su actual estreno.
Coyote vs. Acme había sido producida con un presupuesto aproximado de 70 millones de dólares y estaba prácticamente terminada cuando Warner Bros. comunicó en 2023 que no tenía intención de estrenarla.
La compañía optó por archivar el proyecto en una operación que podía proporcionar aproximadamente 30 millones de dólares en beneficios fiscales, una decisión que generó una fuerte reacción entre profesionales de Hollywood.
No se trataba simplemente de cancelar una película que se encontraba en las primeras etapas de desarrollo.
El rodaje había terminado, los efectos visuales estaban realizados y habían existido pases de prueba para espectadores. Associated Press señala además que las primeras proyecciones habían obtenido respuestas positivas antes de que el estudio decidiera retirarla.
La situación convirtió rápidamente a la película en un símbolo del debate sobre hasta qué punto las grandes decisiones financieras de los estudios pueden imponerse al trabajo creativo de directores, actores, animadores y técnicos.

Recreación editorial de la decisión de archivar una película completamente terminada provocó una fuerte reacción entre profesionales de Hollywood.
Hollywood reaccionó contra la decisión
La cancelación provocó indignación entre profesionales del sector.
Actores, directores y trabajadores vinculados a la industria comenzaron a reclamar públicamente que Warner permitiera que la producción fuese vista. En redes sociales apareció incluso la campaña #ReleaseCoyoteVsAcme, que durante meses mantuvo viva la presión alrededor del proyecto.
Entre quienes expresaron su frustración estuvo Will Forte, protagonista humano de la película, después de haber podido comprobar personalmente que existía un largometraje completamente acabado detrás de la controversia.
La reacción adquirió una importancia superior al futuro de una única producción.
Hollywood atravesaba entonces un periodo en el que varios proyectos ya finalizados habían sido retirados o eliminados de los planes comerciales de los grandes estudios. Coyote vs. Acme terminó funcionando como uno de los ejemplos más visibles de esa política.
Paradójicamente, el argumento de la propia película terminó reflejando su situación empresarial.
El Coyote también lucha contra una gran corporación
La historia parte de una idea publicada originalmente por Ian Frazier en The New Yorker en 1990.
Después de fracasar una y otra vez tratando de atrapar al Correcaminos utilizando los productos de Acme, el Coyote decide hacer algo diferente: demandar a la empresa porque sus inventos nunca funcionan como deberían.
Will Forte interpreta al abogado encargado de defenderlo, mientras que John Cena representa al poderoso equipo legal de Acme.
El director Dave Green construye así una mezcla de animación, acción real, comedia judicial y el humor físico característico de Looney Tunes.
Pero después de lo ocurrido fuera de la pantalla, la premisa ha adquirido una lectura inesperada.
Un personaje pequeño y persistentemente derrotado enfrentándose a una enorme corporación terminó protagonizando una película que tuvo que sobrevivir precisamente a la decisión de una enorme corporación de impedir su estreno.
El País destaca ese paralelismo entre la batalla de Coyote contra Acme y el propio recorrido de la producción dentro de Hollywood.
Ketchup Entertainment pagó alrededor de 50 millones para rescatarla
La oportunidad definitiva llegó cuando Ketchup Entertainment adquirió los derechos de distribución.
Aunque inicialmente no se hicieron públicas las cifras oficiales del acuerdo, distintos informes situaron la operación alrededor de los 50 millones de dólares. AP también recoge esa cantidad al reconstruir la recuperación del proyecto.
El acuerdo transformó completamente el destino de la película.
Un proyecto destinado a permanecer en los archivos pasó a contar con un estreno comercial internacional y una campaña de promoción que aprovechó precisamente la extraordinaria historia de su cancelación.
El País señala que el tráiler despertó un enorme interés y superó 25 millones de reproducciones en apenas un día, mostrando que el conflicto previo había convertido a una producción familiar en un auténtico fenómeno dentro de la conversación cinematográfica.
La película se estrenó en Estados Unidos el 28 de agosto de 2026 y tiene prevista su llegada a España durante septiembre.
Su taquilla puede cambiar el debate sobre las películas canceladas
Los 15,5 millones de dólares iniciales no garantizan todavía que la operación vaya a convertirse en un enorme éxito comercial.
El coste original rondó los 70 millones, mientras que Ketchup tuvo que asumir además la adquisición y posteriormente la distribución y promoción de la cinta.
Sin embargo, su primer resultado ofrece algo que parecía imposible en 2023: ingresos reales procedentes de espectadores pagando por verla.
Associated Press considera especialmente significativo el estreno para Ketchup Entertainment, una distribuidora independiente que ahora compite directamente en una cartelera dominada por algunos de los grandes estudios internacionales.
La película tendrá además nuevas oportunidades conforme avance su distribución internacional.
Y Hollywood estará observando.
El caso puede ser utilizado durante años como ejemplo del riesgo existente cuando un estudio decide cancelar una producción completamente terminada sin permitir que el mercado determine si existe o no público para ella.
Un estreno rodeado de opiniones muy diferentes
La peculiar historia empresarial de la película no significa que exista unanimidad sobre su calidad.
Las valoraciones críticas han sido muy diferentes.
The Guardian la considera una propuesta peculiar y divertida por momentos, destacando precisamente la combinación entre el universo absurdo de Looney Tunes y una sátira sobre grandes corporaciones.

Recreación editorial de la película consiguió aproximadamente 15,5 millones de dólares durante su primer fin de semana en Estados Unidos.
Associated Press, por el contrario, publicó una crítica considerablemente más negativa, cuestionando el equilibrio entre la comedia judicial, la animación y el humor característico de los personajes.
Ese contraste añade otra dimensión al fenómeno: la batalla por conseguir que pudiera estrenarse nunca garantizó que fuese una obra maestra. Lo relevante era permitir que el público tuviera finalmente la posibilidad de decidir.
Y ahora está haciéndolo.

