Una nevera utilizada para almacenar la pesca terminó convirtiéndose en su improvisado salvavidas. Dos pescadores mexicanos sobrevivieron durante cinco días a la deriva en el océano Pacífico, sin comida ni apenas posibilidad de conseguir agua, hasta que la Armada de México logró encontrarlos a más de 240 kilómetros de las costas de Chiapas.
José Luis Portales Villegas y Daniel Guerrero Martínez habían salido a faenar desde la zona de Paredón, una comunidad pesquera situada en el municipio de Tonalá, en el estado mexicano de Chiapas. Nada hacía prever que aquella jornada terminaría convirtiéndose en una lucha de más de cien horas por mantenerse con vida en mitad del océano.
Los pescadores salieron al mar a bordo de una embarcación denominada Camaronera. La última comunicación conocida con ellos se produjo el 14 de agosto. Después, el contacto desapareció y miembros de la cooperativa pesquera a la que estaban vinculados dieron la voz de alarma.
La Secretaría de Marina de México confirmó posteriormente que recibió una petición de auxilio para iniciar su búsqueda. Con el paso de las horas y sin noticias de los tripulantes, la preocupación aumentó y el dispositivo fue ampliándose cada vez más lejos de la costa.
Una ola hundió la embarcación y la hielera se convirtió en su única opción
Según el relato de los supervivientes recogido posteriormente por El País, las condiciones del mar terminaron sorprendiendo a los dos hombres. Una fuerte ola golpeó la embarcación durante la madrugada y provocó que acabaran en el agua.
Con la lancha perdida, consiguieron recuperar una gran hielera —una nevera portátil utilizada para almacenar camarón— que seguía flotando. No era una balsa salvavidas ni una embarcación preparada para soportar un naufragio, pero se convirtió en lo único que tenían para mantenerse fuera del agua.
Los pescadores consiguieron subirse sobre ella e improvisaron así una precaria plataforma de supervivencia.
A partir de ese momento comenzó una carrera contra el tiempo.
Durante aproximadamente cinco días estuvieron expuestos al sol durante las horas centrales de la jornada y a temperaturas más bajas durante la noche. Tampoco disponían de comida ni de un suministro suficiente de agua potable.
Daniel Guerrero relató después del rescate que no podían beber agua del mar y que las lluvias tampoco fueron suficientes para obtener la hidratación que necesitaban. Según su testimonio, ambos permanecieron más de cien horas sin comer y prácticamente sin beber.
La situación era especialmente peligrosa porque beber agua marina no permite combatir la deshidratación y puede agravarla debido a su elevada concentración de sal.
Mientras tanto, las corrientes continuaban alejándolos de la costa.
Una búsqueda a más de 240 kilómetros de Chiapas
La operación de rescate fue coordinada por la Vigésima Segunda Zona Naval, con sede en Puerto Chiapas.
La Armada de México desplegó medios marítimos y aéreos utilizando un sistema combinado de buque, embarcación interceptora y aeronave, lo que permitió ampliar considerablemente el radio de búsqueda.
Finalmente, el dispositivo llegó hasta una zona situada aproximadamente a 130 millas náuticas, unos 240 kilómetros, de las costas de Chiapas.
Allí apareció la imagen que parecía improbable después de cinco días sin noticias.
En medio del Pacífico estaban los dos pescadores, todavía sobre la hielera.
Una aeronave que participaba en la operación consiguió localizarlos. Según la reconstrucción publicada por El País, cuando los náufragos detectaron la presencia del aparato utilizaron un costal para realizar señales e intentar llamar la atención de los equipos de búsqueda.
Habían sido vistos.
Después de varios días rodeados únicamente por el océano, el rescate estaba finalmente en marcha.
La Armada de México movilizó barcos y un helicóptero
Una patrulla oceánica de la Armada de México se desplazó hasta la posición en la que habían sido encontrados.
Los equipos navales realizaron las maniobras necesarias para sacar a los dos hombres del mar y, una vez a bordo, personal sanitario comenzó inmediatamente a valorar su estado.
Posteriormente fueron trasladados en helicóptero hasta puerto para recibir atención médica y reencontrarse con sus familiares. La Secretaría de Marina confirmó oficialmente que ambos fueron puestos a salvo después de cinco días a la deriva sobre la hielera.
Las consecuencias físicas de semejante exposición eran evidentes.
Los primeros exámenes detectaron deshidratación y quemaduras moderadas en la piel provocadas por la exposición prolongada al sol, aunque los dos supervivientes se encontraban fuera de peligro después del rescate.
El resultado cerraba días de incertidumbre para sus familias y para los compañeros que habían alertado de su desaparición.

Recreación editorial de la Armada de México desplegó medios marítimos y aéreos para ampliar la búsqueda de los dos pescadores desaparecidos.
Dos supervivientes y dos decisiones muy diferentes
Sobrevivir al naufragio también dejó consecuencias muy distintas en la forma en la que ambos hombres afrontan ahora el futuro.
Daniel Guerrero explicó después de ser rescatado que la experiencia había sido suficiente para tomar una decisión drástica: no quería volver a salir al mar para pescar.
Para él, aquellos cinco días significaban el final de su vida como pescador.
José Luis Portales, en cambio, reaccionó de manera completamente diferente.
Aunque reconocía que haber sobrevivido suponía una nueva oportunidad, aseguró que tenía intención de continuar dedicándose a la pesca. Llevaba alrededor de cinco años trabajando en el sector y resumió su vínculo con el oficio de una forma sencilla: el mar seguía formando parte de su vida.
Las dos respuestas muestran hasta qué punto una misma experiencia extrema puede transformar de manera diferente a quienes la atraviesan.

Recreación editorial de los supervivientes fueron trasladados a puerto para recibir atención médica antes de reencontrarse con sus familiares.
La importancia de las primeras horas en un rescate marítimo
El caso también pone de relieve las dificultades de cualquier operación de búsqueda en mar abierto.
A diferencia de un rescate terrestre, una embarcación desaparecida puede desplazarse decenas o incluso cientos de kilómetros debido al viento y las corrientes. El área que deben cubrir los equipos aumenta constantemente a medida que pasan las horas.
En este caso, la combinación de medios navales y aéreos terminó siendo determinante para localizar a los pescadores.
El rescate se produjo además durante el verano de 2026, una temporada en la que la Secretaría de Marina desplegó miles de efectivos y decenas de unidades marítimas y aéreas dentro de sus dispositivos de salvamento. Al concluir la Operación Salvavidas Verano 2026, la institución informó de 198 personas rescatadas en el mar durante el periodo comprendido entre el 30 de junio y el 30 de agosto.
La historia de los dos pescadores de Chiapas representa uno de los episodios más extraordinarios de esas actuaciones.

