Centroamérica se prepara para uno de los episodios de Super El Niño más intensos de los últimos años. El fenómeno podría alcanzar su máximo entre finales de 2026 y comienzos de 2027 y agravar las sequías en Guatemala, Honduras y El Salvador, poniendo bajo presión cultivos, precios de alimentos y millones de hogares vulnerables.
Un El Niño excepcional se fortalece en el Pacífico
Las señales que llegan del océano Pacífico han dejado de ser una advertencia lejana. El Niño ya está plenamente establecido y continuará intensificándose durante los próximos meses, según la última actualización de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
El organismo calcula que existe una probabilidad cercana al 100% de que el episodio persista hasta febrero de 2027. Los modelos apuntan además a que alcanzará una intensidad muy fuerte antes de llegar a su máximo hacia finales de este año.
Aunque expresiones como “Super El Niño” son utilizadas para describir episodios excepcionalmente intensos, la OMM habla oficialmente de un evento de intensidad “muy fuerte”.
Para Centroamérica, el problema no es solamente meteorológico.
El International Rescue Committee (IRC) ha advertido de que un episodio especialmente intenso puede combinarse con el encarecimiento del combustible, los fertilizantes y determinados alimentos, aumentando la presión sobre países en los que numerosos hogares dependen directamente de pequeñas explotaciones agrícolas. Reuters identifica a Guatemala, Honduras y El Salvador entre los territorios especialmente expuestos.
El Corredor Seco vuelve a situarse en el centro de la amenaza
Uno de los territorios que más preocupa es el denominado Corredor Seco Centroamericano, una extensa zona que atraviesa principalmente Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua.
Su nombre no significa que permanezca permanentemente sin lluvias. El problema es la enorme irregularidad de las precipitaciones y la vulnerabilidad de sus comunidades agrícolas ante periodos prolongados de sequía.
La FAO explica que, históricamente, El Niño está asociado en Centroamérica con condiciones más secas entre junio y diciembre. Esto puede afectar tanto al final de la primera temporada agrícola como a la denominada postrera, que se desarrolla fundamentalmente entre septiembre y diciembre.
El maíz y el frijol tienen un peso fundamental en numerosos hogares rurales de la región.
Cuando las lluvias llegan tarde, se interrumpen durante semanas o resultan insuficientes, las cosechas pueden caer rápidamente. Para una gran explotación agrícola supone una pérdida económica; para una familia que cultiva principalmente para autoconsumo puede convertirse directamente en un problema de seguridad alimentaria.
Los análisis de la FAO son significativos: algunas áreas agrícolas y ganaderas de Centroamérica y el Caribe presentan más de un 50% de probabilidad de sufrir sequía agrícola durante episodios fuertes o muy fuertes de El Niño, basándose en el análisis de más de cuatro décadas de observaciones por satélite.
Maíz, arroz y otros cultivos ya sienten los efectos
Las consecuencias no pertenecen únicamente al futuro.
En Panamá, por ejemplo, la FAO informó el 18 de septiembre de que las condiciones secas relacionadas con El Niño ya habían afectado a la producción de arroz y maíz.
La falta de agua retrasó aproximadamente un mes determinadas siembras, perjudicó la germinación de cultivos y redujo las perspectivas de rendimiento en varias zonas productoras.
Este tipo de problemas puede repetirse en otras partes de Centroamérica si el fenómeno se intensifica como anticipan los modelos meteorológicos.
El riesgo no reside únicamente en producir menos.

Recreación editorial del maíz y el frijol son esenciales para miles de familias rurales del Corredor Seco centroamericano.
Una mala cosecha obliga a sustituir producción nacional por importaciones en algunos mercados. Y cuando varios países necesitan comprar más alimentos al mismo tiempo, la presión puede trasladarse a los precios.
La situación adquiere aún más importancia porque los precios internacionales del trigo, el maíz y el arroz ya aumentaron durante agosto de 2026 debido a factores meteorológicos, demanda y alteraciones comerciales, según el seguimiento más reciente de la FAO.
Los alimentos pueden convertirse en el siguiente problema
El impacto de una sequía prolongada termina llegando al supermercado.
Menos producción local puede significar una mayor dependencia de importaciones, mientras los agricultores deben afrontar costes elevados en fertilizantes, combustible, transporte o alimentación para el ganado.
Reuters señala que el IRC teme precisamente esa combinación: El Niño y el aumento de costes derivados de las interrupciones del comercio internacional pueden deteriorar rápidamente el acceso a los alimentos de los hogares más vulnerables de Centroamérica.
El punto de partida ya es complejo.
Según Naciones Unidas, más de 33 millones de personas padecen hambre en América Latina y el Caribe, mientras aproximadamente 167 millones se encuentran en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave. Más de 181 millones no pueden permitirse económicamente una dieta saludable.
Un episodio climático excepcional no afectaría de la misma forma a toda esa población, pero puede ampliar las dificultades de los hogares que ya destinan una parte considerable de sus ingresos a comprar alimentos.

Recreación editorial de una reducción de las cosechas puede aumentar la dependencia de las importaciones y trasladar la presión climática al precio de los alimentos.
Honduras, Guatemala y El Salvador están especialmente expuestos
Los tres países comparten una característica decisiva: extensas zonas rurales dependen de la agricultura de secano y presentan una elevada sensibilidad a los cambios en las precipitaciones.
En Honduras ya existen programas destinados específicamente a proteger la seguridad alimentaria en el Corredor Seco. La FAO desarrolla, por ejemplo, una respuesta de emergencia dirigida a unas 20.000 personas en las zonas afectadas.
Guatemala también forma parte de los países donde la organización está desarrollando mecanismos de acción anticipatoria.
La idea consiste en actuar antes de que la sequía destruya las cosechas: facilitar semillas resistentes, modificar las fechas de plantación, asegurar agua, almacenar alimento para el ganado o proporcionar ayuda económica antes de que las familias pierdan sus medios de vida.
La FAO y el Programa Mundial de Alimentos han lanzado un llamamiento internacional de 202 millones de dólares para ampliar estas medidas y proteger a 8,8 millones de personas en 22 países considerados de alto riesgo.
El impacto puede prolongarse hasta bien entrado 2027
Una de las características que convierte al actual episodio en especialmente relevante es su duración prevista.
El Niño suele alcanzar su máxima intensidad entre noviembre y febrero. En esta ocasión, las excepcionalmente cálidas aguas del Pacífico tropical están favoreciendo una intensificación rápida del fenómeno.
La OMM prevé que sus consecuencias sobre las temperaturas y las precipitaciones puedan continuar bien entrado 2027, incluso después de alcanzarse el máximo oceánico.
Tampoco todos los territorios latinoamericanos recibirán el mismo impacto.
Mientras Centroamérica y zonas del norte de Sudamérica suelen experimentar condiciones más secas durante El Niño, otras regiones pueden enfrentarse a lluvias superiores a la media y mayores riesgos de inundación.
Por eso, un mismo fenómeno puede provocar simultáneamente sequías, incendios, inundaciones y pérdidas agrícolas en diferentes partes del continente.

