Estados Unidos y Venezuela mantienen negociaciones de alto nivel para establecer un nuevo marco de acceso a varios de los principales yacimientos petroleros venezolanos. Las conversaciones incluyen al menos 17 campos y podrían abrir la puerta a una presencia mucho mayor de compañías estadounidenses en uno de los países con mayores reservas de crudo del planeta.
Estados Unidos está negociando con Venezuela un acuerdo que podría garantizar a Washington acceso a largo plazo a una parte de los recursos petroleros del país sudamericano, en uno de los movimientos energéticos de mayor alcance registrados entre ambos países durante los últimos años.
Las conversaciones se encuentran en una fase avanzada, según fuentes conocedoras de las negociaciones citadas por Reuters, aunque hasta el momento no existe un acuerdo definitivo anunciado públicamente por los dos gobiernos. La propuesta permitiría seleccionar un conjunto de campos petroleros venezolanos que serían desarrollados principalmente por empresas estadounidenses y cuya producción tendría como destino garantizado el mercado de Estados Unidos.
Reuters ha tenido acceso a una relación de 17 campos petroleros actualmente incluidos en las conversaciones. Entre ellos figuran áreas sin desarrollar de la extensa Faja Petrolífera del Orinoco y yacimientos maduros situados en la cuenca del lago de Maracaibo, dos de las zonas fundamentales de la industria energética venezolana. Algunos de esos activos se encuentran actualmente bajo operación o acuerdos vinculados a compañías extranjeras.
El alcance de las negociaciones convierte el posible pacto en algo considerablemente mayor que un simple contrato comercial. Washington busca asegurarse un suministro estable de crudo venezolano mientras Caracas intenta atraer inversión, tecnología y financiación para recuperar una industria que durante años sufrió falta de capital, deterioro de infraestructuras y restricciones internacionales.
Un acuerdo petrolero todavía en negociación
Una de las principales cuestiones que deberá resolverse es el modelo jurídico utilizado para entregar los campos a compañías extranjeras.
Entre las posibilidades estudiadas figura algún tipo de arrendamiento seguido de procesos de licitación para determinar qué compañías operarían cada área, según Reuters. EFE, citando informaciones publicadas por Bloomberg, señala que entre los escenarios analizados se habría planteado incluso un arrendamiento de hasta 100 años para determinados activos.
Sin embargo, esa opción presenta importantes interrogantes legales.
La Constitución venezolana reserva al Estado determinadas actividades fundamentales de la industria petrolera y la legislación tradicional del país no contempla un sistema de arrendamiento territorial equivalente al utilizado en otras jurisdicciones petroleras.
Las reformas aprobadas durante 2026 han flexibilizado parcialmente el marco anterior y permiten fórmulas como empresas mixtas y contratos de participación en la producción. Ese cambio legislativo facilita el regreso de inversores internacionales, pero cualquier acuerdo de gran alcance deberá adaptarse al ordenamiento jurídico venezolano y podría enfrentarse a impugnaciones.
Por este motivo, la forma jurídica definitiva será uno de los elementos decisivos antes de que Washington y Caracas puedan anunciar formalmente el pacto.

Recreación editorial de Washington y Caracas mantienen conversaciones sobre nuevas fórmulas para desarrollar campos petroleros venezolanos con participación de empresas estadounidenses.
Venezuela recupera progresivamente su producción
Las conversaciones llegan además en un momento de recuperación de la producción petrolera venezolana.
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, aseguró esta semana que Venezuela está produciendo aproximadamente 1,23 millones de barriles diarios, el mayor nivel registrado desde febrero de 2019. Según los datos ofrecidos por el Ejecutivo venezolano, la producción ha aumentado cerca de un 30 % desde los 924.000 barriles diarios registrados en enero.
Rodríguez también afirmó que el país ha suscrito alrededor de medio centenar de acuerdos de inversión relacionados con más de 76 áreas productivas de hidrocarburos.
La recuperación resulta especialmente significativa por el enorme potencial energético del país.
Venezuela posee alrededor de 303.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo, según datos internacionales, lo que la sitúa entre las mayores reservas conocidas del mundo. Gran parte de esos recursos se concentra en la Faja del Orinoco y corresponde a crudos pesados y extrapesados cuya explotación requiere importantes inversiones e infraestructura especializada.
La diferencia entre sus gigantescas reservas y su actual capacidad productiva explica el interés de Caracas por atraer compañías internacionales capaces de proporcionar capital y tecnología.
Washington busca asegurar nuevas fuentes de suministro
Para Estados Unidos, el acuerdo tendría también una dimensión estratégica.
Las refinerías estadounidenses, especialmente las situadas en la costa del Golfo de México, históricamente han procesado grandes cantidades de crudos pesados similares a los producidos en Venezuela.
La Administración estadounidense busca además aumentar la seguridad de sus suministros energéticos en un escenario internacional condicionado por las tensiones en Oriente Medio y la volatilidad del precio del petróleo.
Reuters señala que otro elemento que preocupa a Washington es el nivel de la Reserva Estratégica de Petróleo estadounidense. Actualmente contiene alrededor de 290 millones de barriles, aproximadamente el 41 % de su capacidad total, después de diferentes liberaciones realizadas durante los últimos años.
La Energy Information Administration también refleja una reducción considerable de los inventarios estratégicos estadounidenses durante 2026, en un contexto en el que la seguridad energética vuelve a ocupar un lugar prioritario en la agenda internacional.
El Departamento de Energía estadounidense ya había confirmado a comienzos de año que trabajaba con las autoridades venezolanas y con compañías privadas para ampliar la comercialización y producción de crudo del país sudamericano. El nuevo pacto representaría un paso adicional al establecer una relación mucho más prolongada sobre determinados campos petroleros.

Recreación editorial de La Faja del Orinoco concentra una parte fundamental de las enormes reservas de crudo venezolanas y figura entre las áreas consideradas estratégicas para futuras inversiones.
Las empresas estadounidenses podrían ganar protagonismo
Otro de los objetivos sería aumentar considerablemente la presencia de compañías estadounidenses en Venezuela.
Durante años, las sanciones, la inseguridad jurídica y las dificultades económicas redujeron la participación de empresas extranjeras en el país. La progresiva flexibilización de las restricciones y las reformas impulsadas durante 2026 están modificando ese escenario.
EFE informó recientemente de que aproximadamente la mitad de la producción venezolana estaba siendo exportada a Estados Unidos, según declaraciones realizadas por un alto responsable del Departamento de Energía estadounidense durante un encuentro sectorial en Houston.
Un acuerdo sobre campos concretos permitiría avanzar desde una relación basada fundamentalmente en la compra de petróleo hacia un modelo en el que las compañías estadounidenses participen directamente en el desarrollo de los yacimientos.
Ese cambio podría acelerar el aumento de la producción venezolana, pero exigiría inversiones multimillonarias en extracción, oleoductos, terminales, refinerías y mantenimiento de infraestructuras.
La OPEP, otro factor que entra en la ecuación
Las negociaciones también podrían alterar el tradicional papel de Venezuela dentro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.
Venezuela fue uno de los miembros fundadores de la OPEP en 1960 y durante décadas desempeñó un papel destacado dentro del grupo.
Reuters señala, citando previamente una información de Bloomberg, que Caracas estaría evaluando su futura relación con la organización a medida que estrecha sus vínculos energéticos con Estados Unidos. No existe, sin embargo, un anuncio oficial confirmando una eventual salida venezolana de la OPEP.
Una decisión de ese calibre tendría importantes consecuencias diplomáticas y energéticas, por lo que por ahora debe considerarse únicamente una posibilidad dentro de un escenario en plena negociación.

