El alto el fuego de dos semanas anunciado entre Estados Unidos e Irán ha quedado bajo fuerte presión apenas un día después de su entrada en vigor. Mientras Washington e Israel sostienen que Líbano no forma parte del acuerdo, Teherán lo considera una pieza esencial para mantener viva la negociación. En paralelo, los bombardeos israelíes sobre territorio libanés han dejado al menos 254 muertos, según autoridades locales, y el estrecho de Ormuz vuelve a situarse en el centro de la tensión internacional.
La frágil tregua anunciada entre Estados Unidos e Irán atraviesa sus primeras horas en medio de nuevas dudas sobre su alcance real y su capacidad para frenar la escalada en Oriente Próximo. La principal grieta se ha abierto en torno a Líbano, convertido de nuevo en uno de los focos más sensibles del conflicto regional.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado que Líbano no está incluido en el alto el fuego alcanzado con Irán. En la misma línea, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha defendido que la ofensiva contra Hizbulá continuará al considerar que se trata de un frente distinto al pacto anunciado con Teherán. Desde Irán, sin embargo, las autoridades sostienen que la situación libanesa forma parte esencial del marco negociador y que no puede hablarse de desescalada real mientras continúen los ataques sobre ese país.
La consecuencia inmediata de esa discrepancia ha sido una nueva oleada de violencia. Los bombardeos israelíes lanzados sobre distintas zonas de Líbano han causado al menos 254 muertos y más de un millar de heridos, según balances difundidos por la Defensa Civil libanesa. Las autoridades del país, así como organizaciones humanitarias internacionales, han denunciado el impacto de los ataques sobre áreas densamente pobladas y han pedido que cualquier avance diplomático incluya garantías concretas para la población civil.
El Comité Internacional de la Cruz Roja ha mostrado su indignación por la devastación registrada en Líbano y ha advertido de que un eventual acuerdo de paz regional no podrá consolidarse si deja fuera la seguridad de los civiles libaneses. También Naciones Unidas ha condenado firmemente las muertes de civiles y ha reclamado que la tregua abierta entre Washington y Teherán sirva para evitar una extensión mayor de la crisis.
En el plano político, la jornada ha dejado mensajes cruzados entre las principales capitales. Desde Teherán, el ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, ha insistido en que Estados Unidos debe elegir entre consolidar el alto el fuego o permitir que la guerra continúe a través de Israel. Washington, por su parte, mantiene que las conversaciones seguirán adelante y que una delegación estadounidense viajará a Pakistán para intentar avanzar en un marco de negociación más amplio este fin de semana.
Mientras tanto, el estrecho de Ormuz ha vuelto a convertirse en un punto de máxima preocupación internacional. Tras informaciones contradictorias sobre su cierre o reapertura parcial, Irán ha anunciado rutas seguras de tránsito bajo coordinación con su Guardia Revolucionaria. Estados Unidos ha exigido su reapertura inmediata, sin peajes ni restricciones, al considerar inaceptable cualquier interrupción de una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo para el transporte energético.
La incertidumbre sobre Ormuz ha tenido reflejo directo en los mercados. El precio del petróleo Brent cayó con fuerza tras conocerse la tregua, en una reacción que los inversores interpretaron como señal de alivio temporal. Sin embargo, la persistencia de ataques en Líbano y las dudas sobre la estabilidad real del acuerdo mantienen la preocupación sobre la evolución de los precios energéticos y la seguridad del tráfico marítimo en la zona.
En paralelo, varios países y organismos internacionales han pedido aprovechar esta ventana diplomática para buscar una salida más duradera. La Unión Europea, España, Francia, Alemania, Reino Unido y otros aliados han respaldado públicamente la necesidad de abrir una negociación que permita cerrar la guerra por vías políticas. También Turquía, Arabia Saudí y otros actores regionales han reclamado moderación ante el riesgo de nuevas provocaciones.

Pedro Sánchez critica la ofensiva de Israel en Líbano y pide incluir al país en el alto el fuego internacional.
Con este escenario, el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán se mantiene formalmente en pie, pero su viabilidad dependerá en gran parte de lo que ocurra en las próximas horas en Líbano y en el estrecho de Ormuz. La distancia entre las interpretaciones de Washington y Teherán, unida a la continuidad de los ataques sobre suelo libanés, deja abierta la posibilidad de una nueva escalada en una región que sigue lejos de la estabilidad.

