El lenacapavir, una inyección administrada dos veces al año y recomendada por la Organización Mundial de la Salud para prevenir el VIH, continúa sin acceso amplio en Latinoamérica. Brasil, México, Argentina y Perú participaron en sus ensayos, pero permanecen fuera de los principales acuerdos que permiten fabricar versiones genéricas más económicas.
El lenacapavir en Latinoamérica abre una batalla por el acceso
Dos inyecciones al año pueden ofrecer una protección muy elevada frente al VIH. Esa es la principal ventaja del lenacapavir, un antirretroviral de acción prolongada que ha sido presentado como uno de los mayores avances recientes en la prevención de la infección.
La Organización Mundial de la Salud recomendó en julio de 2025 su utilización como una opción adicional de profilaxis preexposición, conocida como PrEP. Está pensado para personas que no tienen VIH, pero presentan riesgo de adquirirlo. No es una vacuna, no cura la infección y tampoco sustituye a los tratamientos que necesitan las personas que viven con el virus.
La innovación científica ha quedado, sin embargo, acompañada por una creciente controversia política y económica. Durante la Conferencia Internacional sobre el Sida, celebrada entre el 26 y el 31 de julio de 2026 en Río de Janeiro, organizaciones sociales protestaron contra el precio del medicamento y la exclusión de numerosos países latinoamericanos de los acuerdos de fabricación de genéricos.
Por qué el medicamento se considera revolucionario
El lenacapavir es la primera opción de PrEP inyectable que se administra únicamente dos veces al año. Los ensayos clínicos mostraron una eficacia cercana al 100 % en algunos grupos y una reducción superior al 96 % de las nuevas infecciones en otros estudios.
Su larga duración puede resolver uno de los principales problemas de la prevención diaria: la dificultad para tomar una pastilla todos los días, mantener el suministro o acudir frecuentemente a los servicios sanitarios.
La OMS considera que esta característica puede resultar especialmente importante para personas expuestas al estigma, con dificultades de acceso a clínicas o que no pueden mantener correctamente un tratamiento preventivo diario. La recomendación internacional también contempla la realización de pruebas rápidas de VIH antes de comenzar o continuar con la PrEP inyectable.

Recreación editorial de como la OMS recomienda el lenacapavir como una opción adicional de PrEP para personas que presentan riesgo de adquirir el VIH.
Qué países latinoamericanos continúan esperando
Brasil, México, Argentina y Perú están entre los países que participaron en los ensayos clínicos, pero quedaron fuera de las licencias voluntarias que permiten fabricar y distribuir versiones genéricas del medicamento en 120 países con recursos limitados.
Brasil autorizó regulatoriamente el lenacapavir para la prevención del VIH en enero de 2026. Sin embargo, esa aprobación no significa que ya esté disponible de manera generalizada dentro de su sistema público de salud.
Gilead Sciences sostiene que mantiene conversaciones con Gobiernos y organismos regionales para extender el acceso. La compañía también ha indicado que prepara solicitudes regulatorias en Argentina y México, mientras que la presentación de Perú se encuentra en proceso de revisión.
La situación ha provocado una reacción especialmente intensa porque ciudadanos latinoamericanos participaron en las investigaciones que permitieron demostrar la eficacia del medicamento.
Tres países podrían recibir las primeras dosis en 2026
El despliegue no excluye completamente a Latinoamérica y el Caribe. República Dominicana, Haití y Honduras están incluidos en la ampliación acordada por el Fondo Mundial para introducir el lenacapavir en doce países adicionales.
La llegada del producto a esos tres países está prevista para el último trimestre de 2026. Su incorporación servirá como experiencia inicial para evaluar la distribución, el seguimiento médico y la aceptación de una PrEP administrada cada seis meses.
Aun así, el acceso continuará siendo limitado respecto al tamaño de la población regional. El objetivo internacional ampliado pretende alcanzar a tres millones de personas hasta 2028, mientras que ONUSIDA calcula que unos veinte millones necesitarían acceder a métodos preventivos basados en antirretrovirales para lograr un impacto decisivo sobre las nuevas infecciones.

Recreación editorial de Brasil mantiene negociaciones para incorporar el medicamento a su sistema público mientras aumenta la presión para reducir su precio.
Una diferencia de precio de miles de dólares
El coste se encuentra en el centro de la disputa. El precio anual de referencia del lenacapavir en Estados Unidos supera los 28.000 dólares por paciente, mientras que diferentes estudios calculan que una versión genérica podría producirse por una cantidad situada entre 35 y 46 dólares al año.
Gilead ha firmado acuerdos sin derechos de explotación con seis fabricantes de genéricos para abastecer a 120 países, principalmente economías de ingresos bajos o medios-bajos. Las versiones de aproximadamente 40 dólares anuales podrían comenzar a distribuirse a partir de 2027, una vez obtenidas las autorizaciones regulatorias necesarias.
La clasificación económica de países como Brasil o México los deja fuera de estas condiciones, pese a que dentro de sus fronteras existen grandes desigualdades y grupos con dificultades para acceder a servicios preventivos.
La epidemia no retrocede en la región
La discusión ocurre mientras Latinoamérica avanza más lentamente que otras regiones en la reducción de las nuevas infecciones.
Aproximadamente 2,6 millones de personas viven con VIH en América Latina. En 2025 se registraron alrededor de 120.000 nuevas infecciones y unas 28.000 muertes relacionadas con la enfermedad. Además, los nuevos casos aumentaron un 13 % entre 2010 y 2024, en contraste con el descenso observado globalmente.
ONUSIDA estima que cerca del 66 % de las nuevas infecciones regionales afecta a poblaciones especialmente expuestas y a sus parejas sexuales. Entre ellas se encuentran hombres que mantienen relaciones sexuales con hombres, personas transgénero, trabajadores sexuales y usuarios de drogas inyectables.
Estas cifras explican por qué las organizaciones sanitarias consideran que ampliar las opciones preventivas resulta tan importante como mejorar el diagnóstico y garantizar los tratamientos ya existentes.
Brasil estudia cómo presionar a la farmacéutica
Brasil ocupa una posición central en la disputa debido al tamaño de su población, su experiencia en políticas contra el VIH y la capacidad de su Sistema Único de Salud.
El Gobierno brasileño asegura que ha planteado pagar un precio superior al ofrecido a otros países de renta comparable, pero que todavía no ha alcanzado un acuerdo con el laboratorio. El ministro de Salud, Alexandre Padilha, ha defendido que las innovaciones deben llegar a los sistemas públicos con precios compatibles con su sostenibilidad.
Las organizaciones sociales reclaman que Brasil negocie condiciones más favorables o recurra a una licencia obligatoria, un mecanismo legal que permite autorizar la producción o importación de versiones alternativas por razones de interés público.
Brasil ya utilizó esa herramienta en 2007 con el antirretroviral efavirenz, consiguiendo reducir considerablemente su precio. No obstante, el Ejecutivo no ha confirmado que vaya a repetir por ahora esa estrategia con el lenacapavir y continúa apostando por la negociación.
La posición de Gilead y el futuro del acceso
Gilead sostiene que su estrategia busca priorizar los países con mayor incidencia del VIH y menos capacidad financiera. La compañía proporciona temporalmente el medicamento sin beneficio en determinados mercados hasta que los fabricantes de genéricos puedan cubrir la demanda.
También afirma que trabaja con la Organización Panamericana de la Salud y con Gobiernos de renta media para encontrar vías específicas de acceso en Latinoamérica.
Mientras continúan esas negociaciones, Brasil ha anunciado la incorporación al sistema público del cabotegravir, otra modalidad de PrEP inyectable que debe administrarse cada dos meses. Esta alternativa ofrece protección prolongada, aunque requiere más dosis anuales que el lenacapavir.

