Espadas, hachas, escudos y armaduras de acero de decenas de kilos. Lo que podría parecer el rodaje de una película histórica se está convirtiendo en una disciplina deportiva con seguidores en China, donde un reciente torneo en Pekín reunió a unos 80 combatientes y equipos llegados de varios países.
Un parque de Pekín convertido en un campo de batalla medieval
Durante unas horas, un parque de Pekín cambió su paisaje habitual por una escena propia de varios siglos atrás. Unos 80 participantes vestidos con armaduras de acero se enfrentaron con espadas, hachas, escudos y armas de asta en un torneo de combate medieval a contacto completo celebrado el 24 de octubre.
No se trataba de una representación teatral. Los golpes, las caídas y el esfuerzo físico eran reales, aunque las armas empleadas estaban adaptadas a las normas de una competición deportiva.
Reuters documentó el evento y destacó a Guan Xiaoqi, conocido entre los participantes como “Postman”, un antiguo trabajador de oficina que terminó cambiando su empleo de escritorio por los entrenamientos de combate y una armadura de aproximadamente 30 kilos. Actualmente trabaja como entrenador de artes marciales y forma parte de los aficionados que intentan consolidar esta disciplina en China.
Las imágenes del torneo muestran hasta qué punto este deporte se sitúa a medio camino entre la recreación histórica y los deportes modernos de contacto: competidores completamente cubiertos de metal luchan mientras el público observa desde apenas unos metros.
El objetivo de sus impulsores es que deje de ser considerado exclusivamente una afición minoritaria y gane reconocimiento como modalidad deportiva.

Recreación editorial de las armaduras utilizadas por algunos participantes pueden rondar los 30 kilos, lo que convierte cada combate en una exigente prueba física.
Qué es el buhurt y por qué no es simplemente una recreación
Esta modalidad es conocida internacionalmente como buhurt y tiene sus raíces modernas en comunidades europeas dedicadas inicialmente a la recreación histórica.
Con el tiempo, aquella afición comenzó a incorporar reglas de competición, árbitros y campeonatos internacionales hasta transformarse en una disciplina propia.
La diferencia fundamental con una recreación medieval tradicional es que el combate es real. Las espadas y las hachas tienen bordes preparados para la competición, pero los luchadores pueden golpearse, derribarse y emplear técnicas físicas para llevar al rival al suelo.
Associated Press documentó en julio de 2026 el Campeonato Mundial de la International Medieval Combat Federation en Dinamarca, que reunió a casi 600 combatientes procedentes de 30 países, entre ellos China.
Existen diferentes modalidades. Algunas enfrentan individualmente a dos participantes, mientras que otras recrean auténticas batallas colectivas. En las competiciones conocidas específicamente como buhurt, pueden participar grupos de hasta diez luchadores por equipo.
En los duelos registrados durante el Mundial de 2026 se disputaban dos asaltos de un minuto. Los rivales podían quedar eliminados tras varias caídas o por rendición y, en caso contrario, los árbitros decidían el resultado según el sistema de puntuación establecido.
Armaduras de 30 kilos y armas históricas bajo reglas modernas
Uno de los aspectos que más sorprende del combate medieval moderno es el peso del equipamiento.
Guan Xiaoqi utiliza en China una armadura de unos 30 kilos, una cifra que encaja con las utilizadas habitualmente en competiciones internacionales. The Guardian ya documentó en anteriores campeonatos conjuntos de protección que podían situarse aproximadamente entre los 20 y los 35 kilos.
Eso convierte cada combate en una prueba de resistencia.
Correr, mantener el equilibrio, esquivar ataques o intentar derribar a otro participante resulta considerablemente más difícil cuando prácticamente todo el cuerpo está cubierto de metal.
Los competidores necesitan por ello fuerza, técnica y capacidad cardiovascular. Reuters recoge que los participantes chinos también señalan la resistencia mental como una de las dificultades fundamentales: continuar luchando cuando el cansancio aumenta puede marcar la diferencia entre permanecer de pie o terminar en el suelo.
La apariencia histórica tampoco es puramente decorativa. En competiciones internacionales existe un especial cuidado por reproducir armaduras y armas inspiradas en modelos medievales, aunque adaptándolas a requisitos modernos de seguridad.
Las armas de competición no presentan los filos propios de las utilizadas originalmente en una guerra medieval y los participantes llevan protecciones acolchadas debajo del metal. Además, los enfrentamientos son supervisados por árbitros especializados.
Eso no elimina completamente los riesgos inherentes a un deporte de contacto, pero establece una distancia importante respecto a una batalla histórica auténtica.
China empieza a entrar en el circuito internacional
El crecimiento del combate medieval en China todavía está lejos del alcanzado por deportes de masas como el fútbol, el baloncesto o las artes marciales tradicionales, pero su evolución resulta llamativa.
Según Reuters, la disciplina llegó al país asiático aproximadamente hace una década y desde entonces ha construido pequeñas comunidades de aficionados en ciudades como Pekín y Shanghái.
El torneo celebrado en la capital dio además a los deportistas chinos la oportunidad de competir directamente contra participantes extranjeros.
Hasta Pekín viajaron equipos y luchadores con experiencia procedentes de países como Italia, Rusia y Francia, proporcionando a los anfitriones una referencia sobre el nivel existente fuera del país.
China ya había tenido presencia internacional unos meses antes.
El Mundial celebrado en julio en el castillo de Spøttrup, en Dinamarca, contó con representantes de 30 países, entre ellos competidores chinos. Ese campeonato confirmó también que el fenómeno supera ampliamente el ámbito europeo: participaron deportistas de Estados Unidos, Canadá, Brasil y otros territorios.
La propia competición mundial moderna nació en España en 2014, antes de extenderse a otros países y convertirse en un circuito internacional.

Recreación editorial del circuito internacional de combate medieval reúne ya a participantes de decenas de países y China comienza a aumentar su presencia.
De afición de nicho a espectáculo deportivo para redes sociales
Parte del atractivo del buhurt reside en que resulta extremadamente fácil de comprender visualmente incluso para quien nunca ha seguido este deporte.
Dos personas cubiertas de metal chocando sus espadas o grupos enteros intentando derribarse generan escenas difíciles de confundir con cualquier otra disciplina.
Ese componente espectacular puede convertirse en una ventaja importante en la era de los vídeos cortos y las redes sociales.
Competidores entrevistados por AP durante el Mundial de Dinamarca explicaron que el crecimiento de pequeños clubes en Estados Unidos se ha visto acompañado por una mayor difusión de vídeos de los combates. La participación femenina también ha experimentado crecimiento dentro del circuito internacional, aunque hombres y mujeres compiten en categorías separadas.
En China, quienes promueven esta disciplina creen que esa mezcla de historia, intensidad física y espectáculo puede despertar especialmente el interés de los más jóvenes.
Por ahora sigue siendo una comunidad reducida. No existen indicios de que el buhurt esté cerca de convertirse en un deporte de masas en el país.
Pero la celebración de encuentros con decenas de participantes y la llegada de equipos extranjeros muestran que el fenómeno ya ha superado la fase de un simple grupo de aficionados reunidos para recrear la Edad Media.

