Cuba afronta uno de los momentos más críticos de su sistema de transporte. La escasez de combustible ha reducido drásticamente los viajes en autobús, el transporte entre provincias y el movimiento de mercancías, mientras miles de ciudadanos recurren a caminar, compartir vehículos o utilizar motos y triciclos eléctricos como alternativa.
El transporte público en Cuba pierde tres de cada cuatro viajes
La crisis del transporte público en Cuba ha alcanzado niveles inéditos durante 2026. El ministro cubano de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila, estima que el número de viajes realizados mediante transporte público caerá alrededor de un 75% respecto a 2025, una reducción que está alterando los desplazamientos cotidianos en toda la isla.
La situación resulta especialmente visible en La Habana. Los servicios de autobús que conectaban la capital con otras provincias han pasado de 419 salidas diarias en 2025 a solamente 11 durante 2026, según datos facilitados por el responsable de Transporte a Reuters.
La red nacional de autobuses también se ha reducido con fuerza. Más de un centenar de rutas que funcionaban anteriormente han quedado reducidas a apenas 21, mientras que el transporte interurbano podría registrar una caída cercana al 90%.
Las consecuencias van mucho más allá de los desplazamientos habituales. Para numerosos ciudadanos, conseguir un medio de transporte se ha convertido en una dificultad añadida para acudir al trabajo, visitar a familiares o trasladarse a hospitales y centros sanitarios.
El problema se extiende además al transporte de mercancías. El Gobierno calcula que durante 2026 se moverán alrededor de 20 millones de toneladas de carga, frente a los aproximadamente 70 millones transportados el año anterior.

Recreación editorial de la reducción de autobuses está impulsando el uso compartido de vehículos, el transporte privado y los desplazamientos a pie.
La escasez de combustible agrava un sistema ya debilitado
El deterioro del transporte coincide con una profunda crisis energética que atraviesa prácticamente todos los sectores de la economía cubana.
Estados Unidos endureció a comienzos de 2026 las restricciones relacionadas con el suministro de combustible destinado al Gobierno cubano. Washington sostiene que estas medidas forman parte de su estrategia de presión sobre las autoridades de La Habana, mientras que Cuba las considera responsables de buena parte del agravamiento de la crisis energética.
La posición estadounidense y la cubana son profundamente opuestas. Washington responsabiliza también al modelo económico y a la gestión del Gobierno de la situación que atraviesa el país, mientras La Habana denuncia que las restricciones sobre los combustibles están asfixiando servicios esenciales. Naciones Unidas ha cuestionado igualmente las medidas dirigidas a limitar el suministro energético a la isla.
Sin embargo, las dificultades del transporte cubano no comenzaron en 2026. El envejecimiento de las flotas, la falta de piezas de repuesto, los problemas de mantenimiento y las limitaciones de inversión llevaban años reduciendo la capacidad del sistema.
La nueva crisis energética ha multiplicado esos problemas y ha dejado al transporte público con un margen operativo extremadamente limitado.
Caminar, compartir coche y pagar transporte privado
La desaparición de numerosas rutas ha obligado a los ciudadanos a buscar alternativas.
Compartir vehículos de manera improvisada, hacer autostop, utilizar transporte privado o recorrer largas distancias a pie forman parte de la nueva realidad cotidiana en diferentes zonas del país.
El transporte privado existe como alternativa, pero su precio puede quedar fuera del alcance de numerosas familias cuyos ingresos dependen de salarios estatales.
EFE ya documentó a comienzos de 2026 casos de trabajadores que tenían que recorrer grandes distancias caminando ante la reducción del transporte público y el elevado coste de otras opciones.
Las dificultades tampoco terminan en las carreteras. La crisis de combustible ha afectado al transporte aéreo y ha llevado a numerosas compañías a modificar o suspender temporalmente operaciones con Cuba ante los problemas para repostar en los aeropuertos de la isla.
A comienzos de octubre, EFE señaló que varias grandes aerolíneas habían suspendido sus conexiones y que las llegadas de turistas acumulaban una caída interanual del 64,4% durante los primeros ocho meses de 2026.
Cuba acelera su particular revolución eléctrica
La falta de gasolina y diésel está provocando, al mismo tiempo, una rápida transformación del parque móvil cubano.
El país cuenta ya con alrededor de 150.000 coches, motocicletas, bicicletas y triciclos eléctricos, aproximadamente el doble que en 2025 y cerca del 15% del millón de vehículos que, según el Ministerio de Transporte, circulan por Cuba.
La tendencia resulta todavía más visible en las importaciones. En agosto, aproximadamente el 40% de los vehículos importados eran eléctricos, frente a solo un 3,5% en enero de 2025.
Los incentivos fiscales aplicados a estos vehículos y el elevado coste de utilizar automóviles tradicionales están acelerando la transición.
Los triciclos eléctricos se han convertido además en una imagen cada vez más habitual de ciudades como La Habana, donde cumplen funciones de transporte de pasajeros y mercancías.
Pero la electrificación plantea una contradicción: los vehículos necesitan precisamente una red eléctrica que también atraviesa graves dificultades.

Recreación editorial de Cuba cuenta ya con alrededor de 150.000 vehículos eléctricos entre coches, motos, bicicletas y triciclos.
Los apagones limitan también la alternativa eléctrica
Cuba está intentando aumentar rápidamente su capacidad de generación renovable y desarrollar estaciones de recarga alimentadas con energía solar.
El Ministerio de Transporte ha adquirido 60 estaciones solares de recarga para distribuirlas por el país, buscando evitar que todo el crecimiento del vehículo eléctrico dependa de una red nacional sometida a fuertes tensiones.
El problema queda reflejado en escenas que resumen la complejidad del desafío: Reuters observó durante una visita oficial decenas de triciclos eléctricos estacionados y sin poder trabajar porque no había electricidad disponible para cargarlos.
Los apagones están afectando igualmente a servicios educativos y sanitarios. En una escuela para alumnos con discapacidad visual de La Habana, la falta de combustible ha obligado a reducir las clases presenciales a cuatro días por semana, mientras los cortes eléctricos pueden superar en algunos momentos las 18 horas.
La movilidad eléctrica ofrece por tanto una posible salida parcial de la dependencia de los combustibles fósiles, pero su desarrollo necesitará avanzar acompañado de una mejora sustancial de la generación eléctrica.
El transporte se convierte en uno de los rostros de la crisis cubana
La crisis del transporte público en Cuba resume muchas de las dificultades económicas que atraviesa actualmente la isla.
La falta de combustible afecta directamente a autobuses y automóviles, pero también termina repercutiendo sobre hospitales, escuelas, turismo, comercio y distribución de mercancías.
La movilidad se convierte así en una cuestión económica y, al mismo tiempo, profundamente social.
Cuando una ruta desaparece no solamente deja de circular un autobús: trabajadores pierden una forma asequible de llegar a sus empleos, estudiantes encuentran más dificultades para acudir a clase y las familias ven limitada su capacidad para desplazarse entre provincias.
La crisis explica también por qué Cuba está protagonizando una transición hacia vehículos eléctricos mucho más rápida de lo que cabría esperar de una economía con graves problemas de inversión. No responde únicamente a una política medioambiental, sino a una necesidad inmediata de encontrar alternativas a la escasez de gasolina y diésel.

