Estados Unidos ha comprado yenes para reforzar la moneda japonesa después de que esta llegara a cotizar cerca de sus niveles más bajos en cuatro décadas. La actuación, ejecutada por la Reserva Federal de Nueva York en nombre del Tesoro estadounidense, amplifica la ofensiva de Japón contra una depreciación que amenaza con encarecer todavía más la energía y las importaciones.
Estados Unidos compra yenes tras la intervención de Japón
El Gobierno de Estados Unidos decidió intervenir en el mercado de divisas para apoyar al yen después de varias semanas de fuertes caídas de la moneda japonesa. Según la información publicada por Financial Times y recogida por Reuters, la Reserva Federal de Nueva York vendió euros y adquirió yenes en nombre del Tesoro estadounidense mediante operaciones canalizadas a través de Goldman Sachs y Morgan Stanley.
La cantidad finalmente utilizada por Washington no ha sido divulgada. Sin embargo, una fotografía tomada durante una reunión del gabinete estadounidense en Camp David mostró entre las anotaciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, una referencia a la posible compra de entre 5.000 y 10.000 millones de dólares en yenes. La anotación anticipaba la actuación, aunque no confirma que ese fuera el importe definitivo.
La intervención estadounidense se produjo después de que el Tesoro comunicara a varias entidades financieras que debían estar preparadas para posibles operaciones en el mercado del yen. La participación de Washington supone un respaldo excepcional a Japón y refuerza la credibilidad de las autoridades niponas ante los inversores que apostaban por nuevas caídas de la moneda.
Estados Unidos no había intervenido directamente para apoyar al yen desde 2011, cuando participó junto a otros países del G7 en una acción coordinada tras el terremoto y el tsunami que golpearon Japón.

Recreación editorial de como la moneda japonesa llegó a situarse cerca de sus niveles más bajos frente al dólar desde 1986.
El yen había caído a mínimos cercanos a 40 años
La actuación se produjo después de que el dólar llegara a cambiarse por cerca de 164 yenes, el nivel más alto desde 1986. Dicho de otra forma, la moneda japonesa se encontraba en uno de sus momentos de mayor debilidad de las últimas cuatro décadas.
Tras conocerse la posibilidad de una intervención estadounidense, el dólar cayó desde aproximadamente 158,9 hasta 157,6 yenes en menos de una hora durante la sesión de Nueva York. El movimiento reflejó una recuperación inmediata de la divisa japonesa, aunque todavía insuficiente para compensar toda la depreciación acumulada.
Un yen débil beneficia a grandes empresas exportadoras japonesas, ya que aumenta el valor en moneda local de los ingresos obtenidos en el extranjero. Sin embargo, también encarece las compras internacionales de petróleo, gas, alimentos y materias primas.
Esta última consecuencia resulta especialmente delicada para Japón, un país muy dependiente de las importaciones energéticas. La subida de los costes puede trasladarse a la inflación y reducir el poder adquisitivo de los hogares.
Japón habría movilizado cerca de 59.000 millones de dólares
Antes de la entrada de Estados Unidos, las autoridades japonesas ya habían realizado una intervención de enorme magnitud. Los datos del Banco de Japón apuntaban a una salida neta extraordinaria de 8,2 billones de yenes en el mercado monetario, muy alejada de las previsiones realizadas por las firmas financieras.
A partir de esos datos, Reuters calculó que Japón podría haber vendido hasta 58.970 millones de dólares para comprar yenes y sostener su cotización. La operación habría sido la primera intervención japonesa de este tipo en tres meses.
Tokio todavía debe publicar la cifra oficial definitiva correspondiente a estas jornadas. El Ministerio de Finanzas difunde periódicamente los datos de sus operaciones en el mercado de divisas, pero el último periodo publicado concluía el 29 de julio y, por tanto, no incorporaba las actuaciones posteriores.
Japón ya había destinado una cantidad récord de 11,7 billones de yenes a intervenciones realizadas entre finales de abril y comienzos de mayo de 2026. A pesar de ese esfuerzo, la moneda volvió a debilitarse semanas después y llegó a alcanzar los 163,99 yenes por dólar.

Recreación editorial del Banco de Japón mantuvo el tipo oficial en el 1 %, aunque señaló que continuará endureciendo su política si aumenta la inflación.
Washington multiplica el efecto de la intervención
La participación de Estados Unidos cambia considerablemente el mensaje enviado a los mercados. Una intervención realizada únicamente por Japón puede ser interpretada por los inversores como una medida temporal, especialmente cuando persisten grandes diferencias entre los tipos de interés japoneses y los estadounidenses.
La entrada del Tesoro norteamericano demuestra que Washington también considera preocupante la caída de la divisa japonesa. Además, eleva el riesgo para los operadores que venden yenes esperando recomprarlos posteriormente a un precio inferior.
La operación habría consistido en vender euros pertenecientes a las reservas estadounidenses para adquirir yenes. El Tesoro actuó mediante la Reserva Federal de Nueva York, la institución encargada habitualmente de ejecutar las operaciones estadounidenses en los mercados de divisas.
Japón también señaló que dispone de diferentes mecanismos para garantizar la liquidez necesaria. Entre ellos se encuentra la facilidad FIMA Repo de la Reserva Federal, que permite a determinadas autoridades monetarias obtener dólares aportando títulos del Tesoro estadounidense como garantía, sin necesidad de venderlos directamente en el mercado.
El Banco de Japón mantiene los tipos en el 1%
La intervención coincidió con una reunión decisiva del Banco de Japón. La institución mantuvo su tipo de interés oficial en el 1%, nivel alcanzado tras el incremento aprobado en junio y el más elevado en 31 años.
Al mismo tiempo, el banco central transmitió que continuará endureciendo su política monetaria si evolucionan al alza los precios y los salarios. Parte del mercado considera que el ritmo gradual de las subidas ha contribuido a debilitar la moneda, porque los inversores siguen encontrando rentabilidades superiores en Estados Unidos y otras economías.
La intervención puede frenar movimientos bruscos, pero difícilmente resolverá por sí sola las causas estructurales de la debilidad del yen. Para consolidar su recuperación, Japón podría necesitar nuevas subidas de tipos, una reducción de la diferencia de rentabilidad frente a Estados Unidos o una moderación de los precios energéticos internacionales.
La batalla del yen todavía no ha terminado
La recuperación inicial no garantiza que la moneda japonesa mantenga su fortaleza durante las próximas semanas. Las intervenciones anteriores consiguieron movimientos rápidos, pero sus efectos se fueron diluyendo cuando los inversores volvieron a centrarse en los tipos de interés y las perspectivas económicas.
Japón ha intervenido en numerosas ocasiones durante las últimas décadas. En 2024 destinó 9,79 billones de yenes a dos operaciones realizadas entre finales de abril y comienzos de mayo, mientras que en julio de aquel año movilizó otros 5,53 billones.
Las autoridades intentan evitar una depreciación desordenada, no establecer necesariamente un valor fijo para la moneda. El objetivo inmediato es reducir la especulación y transmitir que Tokio y Washington están dispuestos a actuar conjuntamente cuando los movimientos resulten excesivos.
Los inversores vigilarán ahora cualquier nueva operación, las próximas decisiones del Banco de Japón y la evolución de la política monetaria estadounidense. También será determinante comprobar si la intervención consigue reducir el coste de las importaciones japonesas y aliviar la presión sobre los consumidores.

