Los ataques contra infraestructuras energéticas en el Golfo se intensifican tras el bombardeo israelí al yacimiento de gas South Pars en Irán. Mientras varios países denuncian nuevos impactos, el presidente estadounidense, Donald Trump, asegura que Estados Unidos no participó en la ofensiva, en un contexto de creciente incertidumbre geopolítica y presión sobre los precios de la energía.

Donald Trump reacciona ante el presunto ataque a la central eléctrica en Irán: «Es falso».
La tensión en Oriente Medio continúa aumentando tras una nueva oleada de ataques contra instalaciones energéticas clave en la región del Golfo. En las últimas horas, Arabia Saudí, Qatar y Kuwait han denunciado bombardeos contra refinerías y plantas estratégicas, en un escenario marcado por la inestabilidad tras el reciente ataque israelí contra el yacimiento de gas South Pars, en Irán, considerado uno de los mayores del mundo.
Arabia Saudí informó de impactos en una refinería situada en el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, así como en otras dos instalaciones en Riad. Por su parte, Qatar confirmó nuevos ataques contra su infraestructura energética, después de que un bombardeo previo provocara un incendio en la planta de gas natural licuado de Ras Laffan. Kuwait también reportó daños en una de sus refinerías.
Este incremento de las hostilidades llega tras la ofensiva lanzada por Israel contra el complejo gasístico iraní, una acción que ha generado una fuerte reacción en cadena en toda la región. A pesar de informaciones publicadas en medios estadounidenses e israelíes que apuntan a una posible coordinación previa, el presidente Donald Trump ha negado cualquier implicación de Washington.
“Estados Unidos no tenía conocimiento alguno sobre este ataque”, afirmó el mandatario, quien también aseguró que Israel no realizará nuevos bombardeos sobre South Pars, salvo que Irán continúe atacando a aliados como Qatar. No obstante, Trump lanzó una advertencia contundente a Teherán, amenazando con una respuesta militar de gran escala contra sus infraestructuras energéticas si persisten las represalias.
La situación ha generado un fuerte impacto en los mercados energéticos internacionales, con un repunte en los precios del petróleo y el gas. Este escenario será uno de los principales temas en la reunión de líderes europeos en Bruselas, donde se abordarán posibles medidas para contener la volatilidad energética.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, participa en el encuentro defendiendo una postura contraria a la escalada militar, mientras el Ejecutivo prepara un plan de respuesta económica ante las posibles consecuencias del conflicto, que será aprobado en un Consejo de Ministros extraordinario.
En paralelo, la situación también ha generado tensiones internas dentro de la administración estadounidense. La dimisión del director del Centro Nacional Antiterrorista y las críticas desde sectores políticos reflejan la división sobre la estrategia adoptada. Además, recientes declaraciones de la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, han puesto el foco en el papel del presidente en la toma de decisiones sobre amenazas internacionales.
Analistas internacionales advierten de que el conflicto podría seguir escalando si no se abren vías diplomáticas, especialmente debido a la importancia estratégica del estrecho de Ormuz, una ruta clave para el transporte global de petróleo.

