Ultraprocesados y salud en un supermercado tras un nuevo estudio sobre sus riesgos

Ultraprocesados y salud: un estudio con casi 9 millones de adultos detecta 8 grandes riesgos

Un nuevo análisis internacional relaciona un mayor consumo de alimentos ultraprocesados con más riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, problemas digestivos, obesidad, cáncer y muerte prematura. Los investigadores han reunido datos de estudios realizados en cuatro continentes y han observado que el riesgo aumenta a medida que crece el consumo.

Casi nueve millones de adultos bajo análisis

La relación entre ultraprocesados y salud vuelve al centro del debate científico. Un equipo internacional de investigadores de centros de China y Singapur ha reunido los resultados de decenas de investigaciones desarrolladas en América, Europa, Asia y Oceanía para estudiar cómo influye el consumo de estos productos en la aparición de diferentes enfermedades crónicas.

El trabajo, difundido este 23 de septiembre y publicado en Family Medicine and Community Health, analiza información procedente de casi nueve millones de adultos. Los participantes tenían edades medias comprendidas entre los 23 y los 77 años y fueron seguidos durante periodos que oscilaron entre los dos y los 32 años.

La magnitud del análisis permite observar patrones en poblaciones muy diferentes, aunque sus resultados deben interpretarse con cautela: se trata fundamentalmente de estudios observacionales. Por tanto, muestran asociaciones estadísticas, pero no permiten concluir por sí solos que el consumo de un alimento concreto sea la causa directa de una enfermedad determinada.

Los investigadores analizaron especialmente ocho grandes resultados de salud: eventos cardiovasculares, cáncer, obesidad o sobrepeso, síndrome metabólico o diabetes, depresión o ansiedad, enfermedades digestivas, hipertensión arterial y mortalidad por cualquier causa.

Los 8 riesgos asociados a un consumo elevado

Al comparar los niveles de consumo, el análisis encontró que una ingesta elevada de alimentos ultraprocesados estaba relacionada con incrementos del riesgo en las ocho categorías estudiadas.

La mayor diferencia apareció en las enfermedades digestivas, con un riesgo un 31% superior entre los grupos con mayor consumo. Le siguieron la depresión y la ansiedad, con un 27%; los eventos cardiovasculares y el síndrome metabólico o diabetes, ambos con un 24%; y la obesidad o el sobrepeso, con un 23%.

La mortalidad por cualquier causa se situó un 18% por encima, mientras que para el cáncer el incremento observado fue del 12% y para la hipertensión arterial del 11%. Estas cifras comparan niveles de exposición y no significan que una persona que consume ultraprocesados vaya necesariamente a desarrollar estas enfermedades.

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que los investigadores no se limitaron a enfrentar a grandes y pequeños consumidores. También estudiaron qué ocurría a medida que aumentaba la cantidad ingerida.

Por cada 100 gramos diarios adicionales de ultraprocesados, los datos mostraron una asociación con un incremento del 14% en el riesgo de eventos cardiovasculares, del 4% en cáncer, del 3% en mortalidad por cualquier causa y del 2% en síndrome metabólico o diabetes.

Además, cada aumento de diez puntos porcentuales en la proporción de energía procedente de estos alimentos se relacionó con un riesgo un 16% mayor de síndrome metabólico o diabetes.

Qué se considera un alimento ultraprocesado

La expresión puede generar confusión porque procesado y ultraprocesado no significan exactamente lo mismo. Procesar un alimento no implica automáticamente que sea perjudicial. Congelar verduras, pasteurizar leche o elaborar determinados productos mediante procesos sencillos también supone algún grado de transformación.

Los productos clasificados como ultraprocesados, en cambio, suelen ser formulaciones industriales listas para comer, beber o calentar que incorporan numerosos ingredientes y, con frecuencia, sustancias poco utilizadas en una cocina doméstica.

Entre ellos pueden encontrarse determinadas bebidas azucaradas, aperitivos envasados, bollería industrial, algunos cereales azucarados, productos cárnicos procesados, postres preparados y numerosas comidas listas para consumir.

Los investigadores señalan además que muchos de estos productos presentan una elevada densidad energética y contienen cantidades importantes de azúcar, sal o grasas, al tiempo que pueden aportar menos fibra, vitaminas o minerales.

La Organización Mundial de la Salud mantiene una línea similar en sus recomendaciones generales. Su ficha actualizada sobre alimentación saludable establece que los alimentos mínimamente procesados y no procesados, bajos en grasas no saludables, azúcares libres y sodio, deben constituir la base de una dieta saludable. También recuerda que las dietas con cantidades elevadas de alimentos muy procesados se han asociado con resultados adversos para la salud.

Recreación editorial de la OMS recomienda que los alimentos mínimamente procesados y no procesados constituyan la base de una alimentación saludable.

Por qué podrían afectar al organismo

El nuevo estudio no demuestra un único mecanismo responsable. Los investigadores plantean que la explicación probablemente sea compleja y dependa tanto de la composición nutricional de los productos como de las modificaciones producidas durante su fabricación.

Entre las hipótesis investigadas se encuentra el denominado “efecto cóctel”, por el que distintas sustancias o aditivos presentes simultáneamente en la dieta podrían interactuar. También se estudia si determinadas características físicas de los productos ultraprocesados pueden modificar el microbioma intestinal o intervenir en procesos relacionados con la inflamación y la resistencia a la insulina.

Esta línea de investigación no parte de cero. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, integrada en la OMS, publicó anteriormente resultados de un gran análisis europeo que encontró asociaciones entre el consumo de ultraprocesados y la mortalidad general, además de fallecimientos relacionados con enfermedades circulatorias, cerebrovasculares, cardiopatía isquémica y enfermedades digestivas.

Sin embargo, todavía existen interrogantes importantes. Dentro de la categoría de ultraprocesados conviven productos con composiciones muy diferentes y no todos tienen necesariamente el mismo perfil nutricional ni el mismo posible impacto. La cantidad consumida, el patrón general de alimentación, la actividad física, el tabaquismo, el consumo de alcohol o las condiciones socioeconómicas también pueden influir sobre el riesgo de enfermedad.

Recreación editorial del análisis reúne datos de investigaciones realizadas en América, Europa, Asia y Oceanía y comprende a casi nueve millones de adultos.

La alimentación completa importa más que un solo producto

Los resultados no convierten el debate en una división sencilla entre alimentos “permitidos” y “prohibidos”. La evidencia científica analiza patrones de consumo mantenidos durante largos periodos y no el efecto aislado de comer ocasionalmente un determinado producto.

La OMS señala cuatro principios básicos para una dieta saludable: adecuación, equilibrio, moderación y diversidad. Entre sus recomendaciones se encuentra priorizar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y fuentes adecuadas de proteínas, además de limitar los alimentos con grandes cantidades de azúcares libres, sodio y grasas no saludables.

La organización recomienda asimismo al menos 400 gramos diarios de frutas y verduras para adultos y mayores de diez años, limitar los azúcares libres a menos del 10% de la ingesta energética y mantener el consumo de sal por debajo de cinco gramos diarios.

La relevancia del debate ha llevado además a la OMS a poner en marcha un proceso específico para desarrollar orientación internacional sobre el consumo de alimentos ultraprocesados, después de reconocer que existe un creciente cuerpo de evidencia que los relaciona con enfermedades no transmisibles y otros resultados adversos para la salud.