Sequía en Europa 2026 con campos secos y un río afectado por el calor extremo

El calor agrava la sequía en Europa: los 5 datos que explican la crisis

El calentamiento global está cambiando la forma en la que se desarrollan las sequías europeas. La falta de lluvia continúa siendo importante, pero el calor extremo se ha convertido en un factor decisivo al extraer con mayor rapidez la humedad de los suelos, los ríos, los embalses y la vegetación.

La sequía en Europa 2026 cambia las reglas conocidas

La sequía en Europa 2026 no puede explicarse únicamente por la ausencia de precipitaciones. Un nuevo análisis de World Weather Attribution concluye que el aumento de las temperaturas está acelerando la evaporación y convirtiendo periodos secos que anteriormente habrían sido manejables en episodios mucho más graves.

Los investigadores estudiaron por separado Europa occidental y oriental porque la duración y el origen de la sequía no son idénticos. En el oeste analizaron principalmente el periodo comprendido entre abril y junio, mientras que en el este evaluaron déficits acumulados durante los primeros seis meses del año y, en algunos apartados, durante los doce meses anteriores.

El estudio no detectó una influencia clara del cambio climático sobre la escasez de lluvia registrada entre abril y junio en Europa occidental. La principal diferencia apareció en la temperatura y en la denominada evapotranspiración potencial, un indicador que refleja la capacidad de la atmósfera para extraer agua de los suelos y de la vegetación.

En otras palabras, una cantidad de lluvia que hace décadas habría permitido mantener cierta humedad puede resultar insuficiente en un clima mucho más cálido. El agua disponible permanece menos tiempo en el terreno y una parte mayor regresa rápidamente a la atmósfera.

Infografía que resume las cinco claves de la sequía en Europa en 2026, desde el aumento de la evaporación y las pérdidas agrícolas hasta la reducción de los caudales y el mayor riesgo de incendios.

1. La evaporación extrema es hasta 80 veces más probable

Las condiciones atmosféricas que favorecieron la elevada evaporación registrada entre abril y junio son actualmente unas 80 veces más probables en Europa occidental que en un clima 1,4 grados más frío.

En Europa oriental, las condiciones observadas entre enero y junio son alrededor de 40 veces más probables como consecuencia del calentamiento causado por las emisiones humanas. El análisis calcula además que la intensidad de la evaporación aumentó aproximadamente un 7% en el oeste y un 8% en el este.

La diferencia puede parecer reducida en términos porcentuales, pero tiene consecuencias importantes cuando actúa durante semanas sobre territorios extensos. Los campos pierden humedad, los caudales disminuyen y los embalses reciben una presión creciente justo cuando hogares, agricultura, turismo e industria necesitan más agua.

Recreación editorial de cómo el calor aumenta las necesidades de riego y reduce la humedad disponible durante las fases decisivas del crecimiento de los cultivos.

2. La sequía agrícola se multiplica por cinco y por once

El impacto sobre los suelos agrícolas también muestra una relación directa con el calentamiento global. Una sequía del suelo como la observada en Europa occidental es ahora aproximadamente cinco veces más probable.

En Europa oriental, los déficits de humedad acumulados durante los primeros seis meses del año son alrededor de once veces más probables que en un mundo sin el actual nivel de calentamiento. En el clima presente, el episodio occidental podría repetirse aproximadamente una vez cada cinco años, mientras que el oriental tendría una frecuencia cercana a una vez cada quince años.

La humedad del suelo es decisiva para la agricultura porque determina la cantidad de agua disponible para las raíces. Cuando disminuye durante las etapas de floración o formación del grano, las plantas reducen su crecimiento y la producción puede caer incluso aunque se registren lluvias posteriores.

Francia teme afrontar su cosecha de maíz más pequeña en medio siglo. En Rumanía, la sequía ha afectado a más de un millón de hectáreas de este cultivo y las autoridades han limitado el acceso de algunos agricultores al agua destinada al riego.

3. Junio dejó temperaturas excepcionales en Europa occidental

Copernicus confirmó que junio de 2026 fue el más cálido registrado en Europa occidental y el segundo junio más cálido del planeta dentro de su base de datos.

La temperatura media sobre el territorio europeo alcanzó los 19,14 grados, 1,78 grados por encima del promedio de 1991 a 2020. En Europa occidental, la media llegó a 20,74 grados, una anomalía de 3,06 grados y un nuevo récord regional para ese mes.

Durante la segunda mitad de junio, una intensa ola de calor afectó a buena parte de Europa occidental y central. Numerosos países registraron récords mensuales e incluso algunos máximos históricos diarios.

Las condiciones fueron más secas de lo habitual en Italia, amplias zonas del centro y el este del continente, el sur del Reino Unido y gran parte de Europa occidental. Copernicus también detectó caudales inferiores a la media en grandes áreas de Francia y de Europa central y oriental.

4. La sequía ya afecta al transporte y a la energía

La reducción de los caudales no supone únicamente un problema ambiental. Los grandes ríos europeos funcionan como corredores para el transporte de cereales, combustibles, minerales y productos industriales.

El Danubio descendió en Rumanía hasta su nivel más bajo desde 1996. El caudal registrado en el punto de entrada del río al país fue de unos 1.700 metros cúbicos por segundo, frente a una media habitual en julio de aproximadamente 4.700 metros cúbicos por segundo.

La bajada dejó grandes bancos de arena al descubierto, obligó a suspender algunos servicios de ferry y mantuvo paralizadas varias barcazas dedicadas al transporte de grano.

Las autoridades rumanas también tuvieron que controlar el uso de los embalses para garantizar el volumen mínimo necesario para refrigerar dos reactores nucleares. El episodio demuestra cómo una sequía puede afectar simultáneamente a la agricultura, el comercio, el turismo y la producción energética.

Recreación editorial de los bajos niveles de los ríos dificultan el transporte de mercancías y amenazan el regadío y la producción energética.

5. España mejora en algunas zonas, pero mantiene el riesgo

El Observatorio Europeo de la Sequía considera que las condiciones permanecían críticas en buena parte de Europa al finalizar junio y que habían empeorado especialmente en las regiones centrales y occidentales.

Las situaciones de alerta persistían en áreas de Ucrania, Bielorrusia, Polonia, Alemania y Austria, mientras se agravaban en Hungría, Rumanía, Francia y Reino Unido. Las condiciones de advertencia también se extendieron ampliamente por Francia.

La península ibérica presentaba algunas zonas en recuperación, pero continuaban activos indicadores de vigilancia y advertencia. Esto significa que una mejora concreta de la humedad no elimina el peligro derivado de las sucesivas olas de calor.

Copernicus señala que las condiciones secas incrementaron el riesgo de sequía y contribuyeron a la actividad de los incendios forestales, especialmente en la península ibérica. La vegetación pierde humedad y se convierte en un combustible más fácil de inflamar y más difícil de controlar.

El invierno lluvioso ya no garantiza un verano seguro

Europa occidental comenzó el año con condiciones relativamente húmedas en numerosos territorios. Sin embargo, el calor registrado desde la primavera secó rápidamente los suelos.

Esta evolución ha dado lugar a una sequía repentina o acelerada. El terreno puede pasar en pocas semanas de una situación aparentemente estable a un déficit grave de humedad, sin que sea necesario atravesar varios meses completamente secos.

World Weather Attribution considera que la combinación actual de precipitaciones escasas y elevada evaporación corresponde a una sequía excepcional en la región occidental y extrema en la oriental. En un clima 1,4 grados más frío, un episodio de rareza similar habría producido condiciones severas en el oeste y moderadas en el este.

El dato refleja un cambio estructural: los mismos déficits de lluvia generan actualmente consecuencias más graves porque la atmósfera es más cálida y demanda una mayor cantidad de agua.

Europa necesita adaptar su gestión del agua

Los investigadores advierten de que la respuesta europea continúa siendo desigual. Algunos países disponen de planes avanzados para reducir el consumo y proteger el abastecimiento, mientras otros actúan principalmente cuando los embalses o los ríos ya han alcanzado niveles críticos.

World Weather Attribution señala que los planes específicos contra la sequía no son obligatorios en todos los Estados miembros. Una política europea más coordinada permitiría anticipar restricciones, proteger a los hogares vulnerables y distribuir el agua de manera más eficiente entre agricultura, industria, energía y consumo doméstico.

Entre las medidas necesarias se encuentran la modernización de los sistemas de riego, la reducción de fugas en las redes, la reutilización de aguas depuradas, la protección de los acuíferos y la recuperación de zonas capaces de retener humedad.

La agricultura también deberá adaptar calendarios y variedades, mientras las ciudades tendrán que ampliar los espacios verdes y reducir las superficies que acumulan calor.