El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva mantiene paralizada la aprobación necesaria para que Daniel Perez pueda asumir como embajador estadounidense en Brasil. La disputa se suma a la negativa brasileña a conceder visados a dos funcionarios de Washington y a una creciente guerra comercial y política.
Brasil y Estados Unidos atraviesan una nueva escalada diplomática a poco más de dos meses de las elecciones presidenciales brasileñas. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva lleva varias semanas sin conceder la autorización formal necesaria para que Daniel Perez, el candidato elegido por Donald Trump para representar a Washington en Brasilia, pueda asumir el cargo.
La decisión no constituye todavía un rechazo definitivo. Brasil está examinando el nombramiento mediante el procedimiento diplomático habitual, pero fuentes conocedoras del proceso consideran improbable que la autorización se produzca antes de las elecciones brasileñas del próximo 4 de octubre. El Ministerio de Relaciones Exteriores brasileño ha evitado pronunciarse públicamente porque la tramitación está protegida por el principio de confidencialidad diplomática.
El retraso ha generado malestar en la Administración estadounidense, que considera que Brasil está prolongando deliberadamente el proceso. Washington podría estudiar nuevas medidas de presión si el Gobierno brasileño continúa sin conceder el denominado agrément, aunque por ahora no se ha anunciado oficialmente ninguna represalia.
La controversia no se limita al nombramiento de un embajador. En las últimas semanas, Brasil ha negado la entrada a dos funcionarios estadounidenses, Estados Unidos ha impuesto nuevos aranceles a productos brasileños y ambos Gobiernos se han acusado mutuamente de interferir en asuntos internos.

Infografía sobre la crisis diplomática entre Brasil y Estados Unidos, con las claves del bloqueo al nuevo embajador, los visados rechazados, los aranceles comerciales y su impacto en las elecciones presidenciales brasileñas de 2026.
Brasil considera que Washington incumplió el protocolo diplomático
Daniel Perez, representante republicano en la Cámara de Florida y aliado político del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, fue propuesto por Donald Trump el pasado 1 de junio.
El problema comenzó porque Washington anunció públicamente la elección antes de solicitar formalmente la conformidad de Brasil. Aunque cada país puede elegir a sus representantes diplomáticos, el Estado receptor debe aceptar previamente al candidato mediante un procedimiento conocido como agrément.
Funcionarios brasileños interpretaron que anunciar la designación antes de completar ese trámite suponía una falta de consideración hacia Brasilia. El manual diplomático del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil establece que el nombre de un candidato debe enviarse al Senado únicamente después de recibir una respuesta favorable del país en el que ejercerá sus funciones.
Perez ya ha superado el examen de una comisión del Senado estadounidense y espera la votación del pleno. Sin embargo, aunque el Senado confirmara su nombramiento, no podría ocupar la embajada hasta que Brasil concediera su aprobación.
Desde el Departamento de Estado se defiende el derecho de Trump a elegir a quienes representarán los intereses estadounidenses. Washington también ha rechazado que otro país pueda utilizar el procedimiento diplomático para interferir en sus decisiones internas.

Recreación editorial de el Gobierno brasileño asegura que el nombramiento continúa bajo análisis y recuerda que no existe un plazo para conceder la autorización diplomática.
Lula acusa a dos funcionarios estadounidenses de intentar interferir
La disputa se agravó cuando Brasil negó los visados solicitados por Riley M. Barnes y Samuel Samson, dos funcionarios del Departamento de Estado que tenían previsto visitar el país entre el 27 y el 30 de julio.
Washington explicó que el viaje tenía como finalidad mantener reuniones con representantes gubernamentales, organizaciones religiosas y miembros de la sociedad civil para hablar sobre integridad electoral, libertad de expresión y libertad religiosa.
El Gobierno brasileño sospechaba, sin embargo, que los funcionarios pretendían cuestionar la seguridad del sistema electoral y alimentar las dudas sobre las urnas electrónicas utilizadas en el país. Lula confirmó personalmente que los visados habían sido rechazados y acusó a los enviados de intentar intervenir en las elecciones.
El Departamento de Estado ha negado esa acusación. La diplomacia estadounidense sostiene que se trataba de una visita rutinaria y considera infundada cualquier afirmación sobre un supuesto plan para debilitar el proceso democrático brasileño.
Lula ha afirmado que no busca una confrontación directa con Trump, pero ha dejado claro que su Gobierno responderá ante cualquier actuación que considere una amenaza para la soberanía nacional.
Las elecciones brasileñas agravan el enfrentamiento
La tensión diplomática se desarrolla en plena campaña presidencial. Lula aspira a conseguir un cuarto mandato no consecutivo y su principal adversario es el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato del Partido Liberal.
Flávio Bolsonaro mantiene una relación política cercana con la Administración de Trump. Tanto él como su hermano Eduardo han viajado a Washington para reunirse con dirigentes estadounidenses, mientras que sectores vinculados al bolsonarismo han vuelto a cuestionar la fiabilidad del sistema de voto electrónico.
Las autoridades electorales brasileñas sostienen que no existen pruebas de fraude generalizado. Jair Bolsonaro ya promovió acusaciones similares antes y después de las elecciones de 2022 sin aportar evidencias que demostraran una manipulación de los resultados.
Lula ha convertido la defensa de la soberanía brasileña en uno de los ejes de su campaña. Las encuestas publicadas esta semana lo sitúan con una ventaja reducida pero estable sobre Flávio Bolsonaro en una hipotética segunda vuelta.
El propio Daniel Perez aseguró durante su comparecencia en el Senado que las elecciones de octubre serían una de sus primeras prioridades. También afirmó que Estados Unidos debería apoyar unas condiciones que permitan unos comicios libres y justos, además de reforzar la cooperación comercial y de seguridad con Brasil.
Estas declaraciones han aumentado las reservas en Brasilia, donde algunos funcionarios consideran inconveniente aceptar al nuevo embajador en plena campaña electoral.

Recreación editorial de la disputa diplomática con Washington se ha convertido en uno de los asuntos centrales de la campaña presidencial brasileña.
Los aranceles abren otro frente entre Lula y Trump
La crisis política coincide con un grave deterioro comercial. Estados Unidos impuso en julio un arancel del 25 % sobre determinados productos brasileños al considerar que Brasil aplica prácticas perjudiciales para las empresas y los productores estadounidenses.
Posteriormente, Washington anunció una tasa adicional del 12,5 % relacionada con sus preocupaciones sobre el trabajo forzoso. En algunos productos, la subida acumulada puede alcanzar el 37,5 %.
Brasil rechaza las acusaciones y considera que las medidas carecen de una justificación económica suficiente. El Gobierno de Lula ha recordado que Estados Unidos ha acumulado un amplio superávit comercial en su relación bilateral durante los últimos quince años.
La Presidencia brasileña anunció la activación de los mecanismos previstos en su Ley de Reciprocidad y señaló que también podría acudir al sistema de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio.
Los aranceles afectan a sectores estratégicos y han obligado al Gobierno a crear líneas de financiación para las empresas perjudicadas. La posibilidad de nuevas represalias amenaza con aumentar la incertidumbre para exportadores, inversores y compañías estadounidenses instaladas en Brasil.
¿Puede Estados Unidos quedarse sin embajador durante las elecciones?
La embajada estadounidense podría permanecer dirigida provisionalmente por un encargado de negocios si Brasil no autoriza a Daniel Perez antes de octubre. Las relaciones diplomáticas continuarían, pero Washington carecería de un embajador con plenas funciones durante uno de los procesos electorales más importantes de América Latina.
Brasil tiene capacidad para retrasar, aceptar o rechazar el nombramiento sin estar sujeto a un plazo concreto. Una negativa formal sería una decisión diplomática especialmente grave, aunque hasta el momento el Gobierno brasileño solo ha confirmado que el procedimiento sigue bajo análisis.
Estados Unidos también dispone de varias opciones. Puede mantener a Perez como candidato, retirarlo, presentar otro nombre o adoptar medidas políticas, diplomáticas o comerciales. La posibilidad de una represalia inmediata ha sido planteada por fuentes consultadas por Reuters, pero no existe una confirmación oficial sobre su alcance.
El escenario más probable a corto plazo es una prolongación del bloqueo mientras ambos Gobiernos intentan evitar que la disputa se convierta en una ruptura abierta.

