La economía chilena afronta uno de sus momentos más delicados de los últimos años. El desempleo ha alcanzado el 9,5%, la inflación anual se sitúa en el 4,1% y el Banco Central ha reducido con fuerza su previsión de crecimiento para 2026. El deterioro empieza además a sentirse en gastos cotidianos como los alimentos, el transporte o comer fuera de casa.
El Banco Central recorta con fuerza el crecimiento de Chile
Las perspectivas para la economía de Chile en 2026 han empeorado durante los últimos meses. El Banco Central chileno redujo en septiembre su previsión de crecimiento del producto interior bruto hasta un rango de apenas 0,25% a 0,75%, frente al intervalo de entre 1% y 1,75% que manejaba en junio.
La institución atribuye la revisión principalmente al debilitamiento de la demanda interna, al peor comportamiento de algunos sectores durante el tercer trimestre y a una producción minera inferior a la prevista. El gasto de hogares y empresas también ha perdido fuerza.
Durante el segundo trimestre, el PIB chileno disminuyó un 0,2% interanual. Una vez eliminados los efectos estacionales, la actividad permaneció sin cambios respecto al trimestre inmediatamente anterior. Por ello, aunque el país acumula señales claras de estancamiento, los datos oficiales aconsejan cautela antes de hablar de una recesión técnica consolidada.
El Banco Central ha señalado además que el consumo privado crecería alrededor de un 1,7% en el conjunto del año, mientras que la formación bruta de capital fijo podría retroceder un 0,3%. Para 2027, sin embargo, la institución contempla una recuperación del crecimiento hacia un intervalo del 2% al 3%.
El desempleo sube al 9,5%
El deterioro del mercado laboral constituye otro de los principales problemas. La tasa nacional de desempleo alcanzó el 9,5% en el trimestre móvil mayo-julio de 2026, ocho décimas más que un año antes.
El aumento responde tanto al crecimiento de la fuerza de trabajo como a una disminución del número de personas ocupadas. Según el Instituto Nacional de Estadísticas de Chile, la población desempleada creció un 10,4% interanual, mientras que el número de ocupados cayó un 0,2%.
La situación es especialmente significativa entre las mujeres, donde la tasa de desempleo llegó al 10,3%, frente al 8,9% registrado entre los hombres. Además, el desempleo ajustado estacionalmente quedó en el 9,3%.
La minería, uno de los grandes motores de la economía chilena, tampoco está ajena al escenario de debilidad. Codelco trabaja en una reestructuración destinada a responder al estancamiento de la producción y al aumento de los costes, en un momento en el que el empleo constituye una de las principales preocupaciones económicas del país.

Recreación editorial del desempleo chileno alcanzó el 9,5% en el trimestre mayo-julio, ocho décimas más que un año antes.
La inflación vuelve a presionar los bolsillos
La ralentización económica coincide con una nueva presión sobre los precios. El IPC aumentó un 0,6% en agosto, acumuló un 3,6% desde principios de año y situó la inflación interanual en el 4,1%.
El problema resulta especialmente visible en dos partidas esenciales para los hogares: alimentación y transporte. Los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron un 1,4% solamente durante agosto, mientras que el transporte avanzó un 1,6%.
El Banco Central considera que el incremento del precio de los combustibles está teniendo un efecto relevante sobre empresas y hogares y prevé que la inflación permanezca algo por encima del 4% al cierre de 2026 antes de aproximarse nuevamente al objetivo del 3% durante 2027.
La combinación resulta especialmente incómoda para las familias: menor dinamismo económico, dificultades en el mercado laboral y precios todavía elevados.
El tradicional “completo” refleja el aumento del coste de vida
La presión económica también empieza a reflejarse en uno de los alimentos más populares de Chile: el completo, la versión chilena del perrito caliente, tradicionalmente asociado a una comida económica y accesible.
Associated Press recogió esta semana testimonios de consumidores y comerciantes del centro de Santiago que describen importantes incrementos en los precios. Una estudiante explicó que un completo que recientemente costaba unos 2.500 pesos chilenos puede encontrarse ahora por entre 3.500 y 4.000 pesos, dependiendo del establecimiento.
La agencia señala además que la canasta básica mensual de alimentos se situó en agosto ligeramente por debajo de los 100 dólares, alrededor de un 5% más que un año antes.
El ejemplo tiene un significado que va más allá de la gastronomía. Comer fuera, reunirse con amigos o realizar pequeños gastos de ocio se han convertido en decisiones cada vez más vigiladas por parte de algunos hogares, según los testimonios recopilados por AP en Santiago.
Al mismo tiempo, las estadísticas salariales presentan una imagen más matizada. El índice nominal de remuneraciones aumentó un 7,8% interanual en julio y el índice de remuneraciones reales —descontando la evolución de los precios— avanzó un 4,1%. El problema económico, por tanto, no afecta de igual manera a todas las familias y depende también de la situación laboral y de la composición de los gastos de cada hogar.

Recreación editorial del tradicional completo se ha convertido en uno de los ejemplos cotidianos del aumento del coste de vida en Chile.
El empleo se convierte en una prioridad para el Gobierno
El Gobierno del presidente José Antonio Kast, en el poder desde marzo, ha centrado parte de su agenda económica en estimular la inversión y la creación de empleo.
Ante el deterioro de los indicadores laborales, el Ejecutivo prepara un denominado plan de emergencia laboral, cuyos detalles todavía no han sido presentados por completo. Paralelamente, una reforma económica y tributaria aprobada por el Congreso permanece pendiente del examen del Tribunal Constitucional tras las impugnaciones planteadas por sectores de la oposición, según Associated Press.
El desafío para las autoridades será trasladar cualquier mejora futura de la inversión y la actividad económica al mercado laboral y al poder adquisitivo de la población.
El Banco Central mantiene que la economía debería ganar impulso a partir de 2027, pero también reconoce importantes riesgos derivados de la evolución internacional, los costes energéticos, la producción minera y la debilidad de la demanda doméstica.

