Dos reclamaciones judiciales han colocado a Bad Bunny ante una disputa que va mucho más allá de sus propios éxitos. Tainaly Serrano Rivera y Carliz de la Cruz sostienen que grabaciones de sus voces fueron utilizadas sin el consentimiento escrito necesario en varias canciones del artista puertorriqueño. Entre ambas reclaman 56 millones de dólares, unos 49 millones de euros, mientras los casos abren un debate sobre una práctica histórica dentro del reguetón.
Dos demandas contra Bad Bunny que suman 56 millones
Bad Bunny atraviesa uno de los momentos de mayor proyección internacional de su carrera, pero paralelamente mantiene abiertos dos frentes judiciales relacionados con algo aparentemente tan pequeño como unas breves grabaciones de voz.
La primera reclamación procede de Tainaly Serrano Rivera, que exige aproximadamente 16 millones de dólares al cantante, cuyo nombre real es Benito Antonio Martínez Ocasio. Serrano sostiene que una grabación de su voz fue incorporada sin la autorización correspondiente en “Solo de mí”, publicada en 2018, y posteriormente reutilizada en “EoO”.
La frase se ha convertido además en un elemento reconocible de los directos del artista. Durante las actuaciones de “EoO” se escucha una voz femenina relacionada con el conocido fragmento sobre el “perreo”, elemento que también ha formado parte de la producción audiovisual de los conciertos. Según la reclamación, la grabación habría sido utilizada en canciones, promociones, discos, actuaciones y distintas plataformas sin que existiera compensación ni una cesión escrita de derechos.
El segundo procedimiento es anterior y está protagonizado por Carliz de la Cruz, expareja del cantante. Su reclamación asciende a 40 millones de dólares y gira alrededor de una de las expresiones más reconocibles de los primeros años de Bad Bunny: la grabación en la que puede escucharse la frase “Bad Bunny, baby”.
Sumadas, ambas reclamaciones alcanzan los 56 millones de dólares, aproximadamente 49 millones de euros al cambio utilizado en las informaciones publicadas sobre ambos procedimientos. Eso no significa que el cantante haya sido condenado a pagar esa cantidad: se trata del dinero reclamado por las demandantes y los tribunales todavía deben resolver los litigios.

Infografía sobre las dos demandas contra Bad Bunny, que suman 56 millones de dólares y giran en torno al supuesto uso sin consentimiento de grabaciones de voz en varias canciones.
El origen de la conocida voz de “Bad Bunny, baby”
El caso de Carliz de la Cruz tiene raíces anteriores al ascenso mundial del puertorriqueño.
De la Cruz mantenía una relación sentimental con Benito Martínez durante los primeros pasos profesionales del cantante y grabó la expresión que posteriormente se convertiría en una especie de firma sonora. La voz apareció en canciones como “Diles”, uno de los trabajos que ayudaron a impulsar la carrera del artista.
La disputa surgió por su posterior utilización. De la Cruz sostiene que su grabación se incorporó a nuevos trabajos sin que hubiera autorizado formalmente ese uso una vez terminada la relación.
Según la información disponible sobre el procedimiento, recibió propuestas para ceder derechos, pero no se habría alcanzado un acuerdo escrito antes de que la grabación volviera a aparecer en material publicado. La reclamación terminó llegando a los tribunales de Puerto Rico.
La defensa del artista ha cuestionado que la legislación sobre derechos de imagen pueda aplicarse de la misma manera a una grabación incluida dentro de una creación musical. Uno de los elementos centrales de la batalla jurídica será precisamente determinar hasta dónde alcanza la protección de una voz individual cuando esta se convierte en parte reconocible de una obra artística.
El procedimiento de De la Cruz ha logrado mantenerse vivo judicialmente. El Tribunal Supremo puertorriqueño consideró que existían elementos suficientes para continuar examinando parte de la reclamación, aunque limitó su alcance respecto a determinadas canciones por cuestiones relacionadas con los plazos legales.

Recreación editorial de las reclamaciones contra Bad Bunny han reabierto el debate sobre el consentimiento y los derechos de las voces incorporadas a producciones musicales.
El nuevo caso por las voces de “Solo de mí” y “EoO”
La reclamación de Tainaly Serrano Rivera ha vuelto a poner el asunto de actualidad.
Su voz puede escucharse asociada a “Solo de mí”, incluida en el álbum X 100pre, y posteriormente en “EoO”, perteneciente a Debí Tirar Más Fotos. La demandante asegura que no autorizó por escrito la utilización comercial que posteriormente se hizo de aquella grabación.
El contexto no es menor. Debí Tirar Más Fotos ha llevado al artista a uno de los mayores momentos de reconocimiento de su trayectoria. El disco se convirtió en febrero de 2026 en el primer álbum íntegramente en español que ganó el Grammy a álbum del año, reforzando todavía más la dimensión internacional de Bad Bunny.
La música latina también continúa incrementando su peso dentro del mercado estadounidense del streaming, un escenario en el que el cantante puertorriqueño aparece como una de las figuras centrales.
Precisamente por esa enorme difusión, las cantidades reclamadas adquieren otra dimensión. Las demandantes no discuten únicamente la presencia de unos segundos de audio en una canción, sino su utilización posterior en discos, plataformas digitales, publicidad y espectáculos capaces de llegar a millones de personas.
Una práctica histórica del reguetón queda bajo la lupa
Los procesos pueden tener importancia más allá de Bad Bunny.
Las llamadas vocales, frases, gemidos, expresiones o pequeñas intervenciones femeninas han acompañado al reguetón desde sus primeras etapas. En numerosas producciones se convirtieron en elementos reconocibles de canciones interpretadas principalmente por hombres.
Una de las voces más famosas es la de Glory, nombre artístico de Glorimar Montalvo Castro, presente en clásicos del género asociados a artistas como Daddy Yankee, Don Omar o Héctor y Tito. La cantante ha explicado que acostumbraba a documentar contractualmente sus participaciones, incluso cuando esa exigencia podía resultar incómoda dentro de una industria todavía informal.
Otros testimonios recogidos en torno a estas demandas describen un panorama diferente: jóvenes intérpretes que grababan pequeñas contribuciones sin contratos suficientemente claros y que posteriormente podían escuchar aquellas voces reutilizadas en producciones de considerable éxito comercial.
Ahí reside uno de los elementos de mayor alcance de los litigios actuales. El debate no afecta únicamente a quién pronunció una frase, sino a cuestiones como el consentimiento, la duración de una autorización, la remuneración y la posibilidad de reutilizar una grabación años después de haber sido realizada.

Recreación editorial de los litigios ponen bajo la lupa el consentimiento necesario para reutilizar voces y fragmentos de audio dentro de canciones comerciales.
Bad Bunny llega al litigio en la cima de su carrera
La batalla judicial coincide con un momento extraordinario para el músico puertorriqueño.
Bad Bunny conquistó en 2026 el principal Grammy con Debí Tirar Más Fotos, después de haber consolidado durante los años anteriores una audiencia mundial capaz de trascender el mercado tradicional de la música latina.
También protagonizó el espectáculo del descanso de la Super Bowl LX, acompañado por artistas como Lady Gaga y Ricky Martin. AP situó la audiencia del espectáculo en niveles extraordinarios y destacó el protagonismo de Puerto Rico y de la cultura latinoamericana durante la actuación.
Ese éxito convierte cualquier procedimiento que afecte a su catálogo en un asunto con repercusión internacional.
Pero jurídicamente conviene mantener una distinción esencial: las reclamaciones no equivalen a una condena. Las demandantes deberán acreditar sus argumentos mientras la defensa del artista podrá continuar cuestionando tanto la interpretación de la legislación como el alcance de los supuestos derechos vulnerados.

