Un avión militar estadounidense aterrizando en Moscú fue la primera pista. Poco después se confirmó que a bordo viajaba el director de la CIA, John Ratcliffe, para mantener una excepcional reunión con los responsables de los servicios secretos rusos. Washington y Moscú reconocen el encuentro, pero todavía mantienen bajo secreto buena parte de lo que se discutió.
La aparición de un avión militar estadounidense en el aeropuerto moscovita de Vnukovo levantó rápidamente sospechas. Estados Unidos y Rusia mantienen relaciones extraordinariamente tensas y la llegada de una aeronave de la Fuerza Aérea norteamericana a la capital rusa no podía pasar inadvertida.
Los datos de seguimiento de vuelos terminaron revelando una ruta todavía más llamativa: un C-17 Globemaster III estadounidense había partido de Joint Base Andrews, en Maryland, viajado posteriormente hasta Letonia y continuado desde allí hacia Moscú, según la información de Flightradar24 recogida por The Guardian. Tras el aterrizaje también fue localizada una comitiva diplomática estadounidense en la capital rusa.
Horas después comenzó a conocerse la explicación. En el avión viajaba John Ratcliffe, director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, para celebrar conversaciones directas con responsables del aparato de inteligencia ruso.
No se trataba, por tanto, del “presidente de la CIA” —el cargo correcto es director— ni de una reunión con las “fuerzas especiales rusas”. Los interlocutores pertenecían a los principales servicios de inteligencia de Rusia.

Recreación editorial del encuentro entre el director de la CIA, John Ratcliffe, y responsables de los principales servicios de inteligencia rusos.
Un C-17 estadounidense aterriza en Moscú
La visita se realizó el 25 de agosto de 2026 sin anuncio público previo.
RTVE informó de que Ratcliffe viajó en un avión militar desde Letonia hasta Moscú, mientras que AP confirmó posteriormente que una aeronave militar estadounidense aterrizó en el aeropuerto de Vnukovo y abandonó Rusia ese mismo día.
El C-17 Globemaster III es uno de los principales aviones de transporte estratégico de las Fuerzas Aéreas estadounidenses. Su aparición en territorio ruso resultaba especialmente llamativa debido a las restricciones y al deterioro de las relaciones entre ambos países desde la invasión rusa de Ucrania.
Según The Guardian, el aparato había iniciado su recorrido en Joint Base Andrews, la instalación militar de Maryland conocida también por albergar los aviones utilizados para los desplazamientos presidenciales estadounidenses.
El desplazamiento de Ratcliffe se convirtió así en la primera visita conocida de un director de la CIA a Moscú desde noviembre de 2021.
Entonces, William Burns viajó a Rusia pocos meses antes del comienzo de la invasión a gran escala de Ucrania.
La CIA se reunió con los jefes del espionaje ruso
El Kremlin acabó reconociendo oficialmente que Ratcliffe había mantenido contactos con responsables de los servicios secretos rusos.
El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, confirmó que el director de la CIA se reunió con representantes de las agencias de inteligencia, aunque precisó que no mantuvo ninguna reunión con Vladímir Putin. El presidente ruso fue posteriormente informado del resultado de las conversaciones.
Entre los participantes se encontraban Serguéi Naryshkin, director del Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR), y, según El País, Aleksandr Bórtnikov, responsable del Servicio Federal de Seguridad (FSB).
Naryshkin reconoció después personalmente la conversación y la calificó como una reunión de trabajo dedicada a asuntos sensibles correspondientes a las competencias de ambos servicios.
Reuters confirmó sus declaraciones el 27 de agosto.
El contenido completo, sin embargo, continúa siendo confidencial.
¿Qué se habló realmente en Moscú?
Ese es precisamente el principal interrogante.
Donald Trump intentó rebajar la importancia del viaje y describió la misión de Ratcliffe como algo “semi-rutinario”. El Kremlin también ha evitado revelar la agenda.
Pero informaciones posteriores apuntan a asuntos de enorme importancia estratégica.
Reuters informó, citando a dos fuentes conocedoras de las conversaciones, de que Ratcliffe planteó durante el encuentro la posibilidad de que Rusia pudiera realizar una operación contra algún país miembro de la OTAN.
Una de esas fuentes señaló además que durante las conversaciones apareció el apoyo de Rusia a Irán.
Ninguna de esas informaciones permite afirmar que ese fuera el motivo principal del viaje.
De hecho, Trump rechazó públicamente que la misión estuviera centrada específicamente en una posible acción rusa contra la OTAN o en las sanciones relacionadas con Irán. Moscú tampoco ha confirmado esas versiones.
La reunión se desarrolló, por tanto, en uno de esos terrenos habituales de la diplomacia de inteligencia: ambas partes admiten que existió, pero prácticamente nadie revela lo ocurrido dentro de la sala.
Ucrania recibió un aviso antes del viaje
Otro elemento aumenta el interés del episodio.
Antes de la llegada de Ratcliffe, Washington pidió a Ucrania que suspendiera temporalmente determinados ataques contra zonas rusas mientras una delegación estadounidense se encontraba en Moscú.
Un alto funcionario ucraniano declaró a AP que la petición afectaba especialmente a Moscú, San Petersburgo y determinadas regiones del norte ruso, aunque Ucrania mantuvo sus operaciones contra otros objetivos.
RTVE también informó de que Estados Unidos había advertido previamente a Kiev de que un avión con un alto funcionario estadounidense viajaría a la capital rusa.
Días después, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, confirmó que Washington había trasladado a Kiev información sobre varias reuniones celebradas en Moscú y agradeció el tono utilizado por Estados Unidos en sus conversaciones con Rusia.
Reuters informó además de que fuentes conocedoras del encuentro aseguraban que Ratcliffe había planteado la cuestión de una posible operación rusa contra territorio de la Alianza Atlántica.
Una reunión excepcional en plena guerra de inteligencia
Los contactos entre los servicios de inteligencia de Estados Unidos y Rusia nunca desaparecieron completamente.
Incluso durante algunos de los momentos más tensos de la Guerra Fría existieron canales reservados destinados a gestionar crisis, intercambiar mensajes o evitar errores de cálculo con consecuencias imprevisibles.
Peskov defendió precisamente estos contactos y aseguró que el diálogo entre agencias de inteligencia puede mantenerse incluso durante los periodos más difíciles de las relaciones bilaterales.

Recreación editorial de la agenda completa de las conversaciones permanece clasificada, aunque diferentes informaciones apuntan a asuntos relacionados con la seguridad europea y Oriente Medio.
Pero que esos canales existan no convierte el viaje de Ratcliffe en algo corriente.
El experto en servicios de seguridad rusos Andrei Soldatov explicó a AP que encuentros de este nivel no se producen todos los años y suelen estar vinculados a cuestiones consideradas urgentes para la seguridad nacional.
El contexto multiplica las incógnitas: la guerra de Ucrania continúa, Washington intenta mantener contactos con Moscú, Rusia conserva una estrecha relación estratégica con Irán y Europa mantiene la vigilancia sobre posibles operaciones híbridas rusas.
Todo ello convierte la llegada de aquel C-17 a Moscú en mucho más que un vuelo militar poco habitual.

