Brasil afronta la recta final hacia las elecciones presidenciales del 4 de octubre con una carrera cada vez más ajustada entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Una crisis inédita en el Tribunal Supremo y las derivaciones del escándalo del Banco Master amenazan ahora con alterar una campaña en la que ninguno de los dos principales candidatos está libre del desgaste político.
Brasil ha entrado en el último mes antes de sus elecciones presidenciales de 2026 con un escenario mucho más abierto de lo que parecía hace apenas unas semanas. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva conserva la primera posición en las encuestas, pero Flávio Bolsonaro continúa acercándose y una eventual segunda vuelta entre ambos se encuentra ya dentro del margen de error de los principales sondeos.
La tensión electoral coincide además con una de las mayores crisis internas vividas por el Supremo Tribunal Federal (STF) desde el regreso de Brasil a la democracia. Dos de sus magistrados más conocidos, Alexandre de Moraes y André Mendonça, se encuentran enfrentados por acusaciones relacionadas con la investigación del Banco Master, una trama que también ha alcanzado a figuras próximas tanto al oficialismo como a la oposición.
Elecciones de Brasil 2026: una carrera cada vez más ajustada
La última encuesta de Datafolha, realizada entre 2.002 electores de 125 ciudades brasileñas, sitúa a Lula con un 38% de intención de voto para la primera vuelta y a Flávio Bolsonaro con un 33%.
La distancia se ha reducido a cinco puntos. En agosto, Lula tenía un 39% frente al 33% de su principal adversario.
La situación resulta todavía más ajustada cuando se pregunta a los brasileños por una hipotética segunda vuelta. Lula aparece con un 46%, mientras que Bolsonaro alcanza el 44%. El margen de error del estudio es de dos puntos porcentuales, por lo que ambos están técnicamente empatados en ese escenario.
Un tercer candidato comienza además a ganar visibilidad. El escritor Augusto Cury, de Avante, ha subido hasta el 8% según Datafolha, aunque todavía se encuentra muy lejos de los dos principales aspirantes.
La elevada tasa de rechazo de Lula y Bolsonaro constituye otro de los factores que puede condicionar la campaña. Datafolha registra un rechazo del 47% hacia Flávio Bolsonaro y del 45% hacia el actual presidente.

Recreación editorial de más de 158 millones de brasileños están habilitados para participar en las elecciones generales del 4 de octubre.
Una guerra inédita dentro del Tribunal Supremo
El elemento más imprevisible de la campaña se encuentra ahora en el Supremo Tribunal Federal.
El magistrado Alexandre de Moraes está en el centro de nuevas sospechas después de que un informe policial sacara a la luz mensajes atribuidos al banquero Daniel Vorcaro, propietario del Banco Master, que han generado dudas sobre posibles contactos entre ambos antes de la detención del empresario.
El documento también reveló la existencia de un contrato entre el banco y el despacho de abogados de la esposa de Moraes.
André Mendonça, magistrado nombrado durante la presidencia de Jair Bolsonaro, hizo público un informe relacionado con el asunto. Moraes respondió solicitando que Mendonça sea investigado por supuesto abuso de autoridad.
El presidente del Supremo, Edson Fachin, ha pedido al fiscal general que se pronuncie sobre las acusaciones contra Mendonça, mientras el tribunal debe decidir también si procede investigar formalmente a Moraes. Reuters señala que una investigación de estas características contra un magistrado en activo constituiría un episodio sin precedentes recientes para la institución.
La crisis llega en un momento especialmente delicado debido al protagonismo adquirido por el Supremo durante los últimos años. Moraes fue una de las principales figuras judiciales en los procedimientos contra Jair Bolsonaro relacionados con el intento de revertir el resultado electoral de 2022.
El expresidente fue posteriormente condenado a 27 años de prisión por su participación en una trama golpista y actualmente cumple la pena bajo un régimen de arresto domiciliario por razones humanitarias.

Recreación editorial del enfrentamiento entre Alexandre de Moraes y André Mendonça ha abierto una crisis inédita en el Supremo brasileño a un mes de las elecciones.
El Banco Master salpica a los dos grandes bloques políticos
Detrás del choque judicial aparece un nombre que se ha convertido en uno de los principales riesgos políticos de la campaña: Banco Master.
La entidad fue liquidada después de una grave crisis financiera y su propietario, Daniel Vorcaro, terminó detenido. Las investigaciones posteriores han revelado una extensa red de relaciones entre el banquero y destacados dirigentes brasileños.
El caso llegó directamente al entorno de Lula cuando la Policía Federal realizó registros relacionados con el senador Jaques Wagner, uno de los principales aliados políticos del presidente y líder de la coalición gubernamental en el Senado.
La investigación analiza una posible relación irregular entre ejecutivos del banco y Wagner. El senador ha rechazado haber recibido dinero o ventajas indebidas, mientras el Partido de los Trabajadores ha respaldado que las autoridades continúen investigando. La existencia de pesquisas no implica una condena ni una imputación definitiva contra los afectados.
Pero la oposición tampoco ha quedado al margen.
Flávio Bolsonaro reconoció haber mantenido contactos con Vorcaro para obtener financiación privada destinada a una película sobre su padre, Jair Bolsonaro. Según Reuters, el asunto llegó a provocar fuertes movimientos en los mercados brasileños cuando salió a la luz en mayo.
Bolsonaro ha defendido que se trataba de un patrocinio privado sin contraprestaciones políticas.
El resultado es una situación particularmente incómoda para los dos principales candidatos: ambos intentan responsabilizar al adversario del deterioro institucional mientras mantienen distancia respecto a las distintas ramificaciones del mismo escándalo financiero.
Más de 158 millones de brasileños están llamados a votar
Las dimensiones de las elecciones convierten cualquier movimiento en Brasil en un acontecimiento de relevancia regional.
El Tribunal Superior Electoral calcula que 158,7 millones de personas están habilitadas para participar en las elecciones generales de 2026.
El próximo 4 de octubre, los brasileños elegirán presidente y vicepresidente de la República, gobernadores, senadores y diputados federales y regionales. Si ningún candidato presidencial obtiene la mayoría necesaria, la segunda vuelta tendrá lugar el 25 de octubre.
A la batalla tradicional entre izquierda y derecha se suma en esta ocasión la preocupación por la inteligencia artificial y la desinformación electoral. El Tribunal Superior Electoral ha reforzado las normas sobre contenidos generados mediante IA, incluidos los deepfakes y otras manipulaciones digitales durante la campaña.
Cinco claves para entender lo que puede ocurrir
La primera clave es la reducción constante de la ventaja de Lula. El presidente continúa en cabeza, pero una segunda vuelta contra Bolsonaro ya se encuentra técnicamente empatada.
La segunda es el enorme rechazo que generan ambos candidatos, que puede aumentar la importancia de los indecisos y de quienes buscan una alternativa fuera de la polarización tradicional.
La tercera es el Banco Master. La investigación ha adquirido una dimensión transversal al alcanzar a personas vinculadas a distintos sectores políticos.
La cuarta es la crisis del Tribunal Supremo. Cualquier decisión sobre Alexandre de Moraes o André Mendonça puede convertirse inmediatamente en munición electoral.
Y la quinta será la capacidad de los candidatos para controlar una campaña particularmente vulnerable a escándalos, contenidos manipulados y nuevas revelaciones judiciales.

