Unos pequeños fragmentos de hueso recuperados en la célebre cueva de Denisova, en Siberia, han permitido identificar mediante ADN antiguo una especie de gran mamífero desconocida hasta ahora. Los investigadores la denominan provisionalmente Yak X, un pariente extinto de los actuales yaks cuya historia evolutiva comenzó a separarse de ellos hace unos 400.000 años.
Un animal desconocido escondido en pequeños fragmentos de hueso
La cueva de Denisova vuelve a proporcionar una pieza inesperada del pasado. El yacimiento situado en las montañas de Altái, al sur de Siberia, es mundialmente conocido por haber permitido identificar a los denisovanos, un antiguo grupo humano emparentado con neandertales y Homo sapiens.
Esta vez, sin embargo, el protagonista no es humano.
Un equipo internacional de investigadores ha identificado los restos de un gran bovino prehistórico que hasta ahora no figuraba entre las especies conocidas de la Edad de Hielo. Los científicos lo han bautizado provisionalmente como Yak X.
La particularidad del descubrimiento es que los huesos eran demasiado pequeños y fragmentarios para determinar a simple vista a qué animal pertenecían.
La respuesta apareció dentro de ellos.
Los investigadores consiguieron recuperar ADN antiguo de 20 fragmentos óseos, 14 procedentes de la cueva de Denisova y otros seis recuperados en diferentes yacimientos de la región. El análisis genético permitió comprobar que aquellos restos pertenecían a una población completamente diferenciada de los yaks conocidos.

Recreación editorial de la cueva de Denisova, en Siberia, ha permitido reconstruir tanto la historia de antiguos humanos como la de especies animales desconocidas.
El Yak X se separó de los yaks actuales hace unos 400.000 años
La reconstrucción genética revela una historia evolutiva extraordinariamente larga.
Según el estudio publicado en Current Biology, el linaje del Yak X comenzó a divergir del de los yaks actuales hace al menos 400.000 años. Los científicos han podido reconstruir 20 genomas correspondientes a ejemplares que vivieron a lo largo de un periodo superior a 200.000 años.
Los restos más antiguos analizados tienen entre aproximadamente 250.000 y 200.000 años, mientras que el ejemplar más reciente conocido vivió hace unos 27.000 años.
Eso significa que esta especie sobrevivió durante enormes cambios climáticos del Pleistoceno.
El análisis también sugiere que su población atravesó dificultades durante un periodo de calentamiento ocurrido aproximadamente hace 120.000 años. Los investigadores han detectado indicios de reducción demográfica y pérdida de diversidad genética alrededor del último periodo interglacial.
La especie desaparecería posteriormente, aunque todavía no se sabe con precisión cuándo ocurrió su extinción ni cuáles fueron sus causas definitivas.
Cómo habría sido este desconocido animal de Siberia
No existe por ahora un esqueleto completo que permita reconstruir con exactitud su apariencia.
Pero su parentesco genético ofrece algunas pistas.
El genetista evolutivo Love Dalén, del Centro de Paleogenética de Estocolmo, considera que probablemente se parecía más a un yak que a un bisonte. Los yaks modernos poseen un cuerpo robusto, largos cuernos, abundante pelaje y una característica zona elevada sobre los hombros.
Algunos ejemplares machos actuales pueden acercarse a una tonelada de peso.
Sin embargo, el Yak X vivía en un territorio muy diferente del ocupado actualmente por sus parientes. Mientras que los yaks salvajes modernos están fundamentalmente restringidos a las grandes alturas de la meseta tibetana, el nuevo animal habitaba regiones de Siberia situadas a latitudes medias.
El paisaje tampoco se parecería demasiado al actual.
Gran parte de Siberia estaba cubierta entonces por la denominada estepa del mamut, un inmenso ecosistema de pastizales fríos que se extendía por enormes áreas del hemisferio norte.
Allí, el Yak X habría compartido territorio con mamuts lanudos, rinocerontes lanudos, caballos, bisontes esteparios, uros, hienas de las cavernas y grandes osos.
Era, en definitiva, una pieza más de una megafauna que desapareció progresivamente al final del Pleistoceno.
¿Los denisovanos cazaban al Yak X?
Aquí aparece una de las posibilidades más llamativas del hallazgo.
El Yak X vivió durante el mismo periodo y en algunos de los mismos lugares que diferentes poblaciones humanas antiguas.
La cueva donde aparecieron buena parte de sus restos es precisamente el yacimiento que dio nombre a los denisovanos.
En 2008, un pequeño fragmento de un dedo encontrado en Denisova permitió obtener ADN de un grupo humano que hasta entonces era completamente desconocido. Investigaciones posteriores demostraron que los denisovanos estaban relacionados con los neandertales y que también se cruzaron con Homo sapiens.
Parte de ese legado genético continúa presente en seres humanos actuales, especialmente entre determinadas poblaciones de Melanesia y Papúa Nueva Guinea.
Los denisovanos eran cazadores-recolectores y ocuparon diferentes ambientes de Asia durante miles de años.
Por eso, resulta perfectamente posible que ambas especies interactuasen.
Dalén incluso considera razonable pensar que el Yak X pudiera formar parte de las presas cazadas por los denisovanos, aunque por ahora no existen pruebas arqueológicas directas que permitan confirmarlo.
El ADN está permitiendo descubrir especies que no podemos reconocer por sus huesos
El descubrimiento tiene además una consecuencia científica importante.
Tradicionalmente, los paleontólogos identificaban especies extintas observando características anatómicas de sus fósiles: dientes, cráneos, mandíbulas o esqueletos.
Pero muchos yacimientos contienen miles de fragmentos que están demasiado deteriorados para saber visualmente a qué animal pertenecían.
Las nuevas técnicas de paleogenómica están cambiando esa situación.

Recreación editorial del análisis genético de pequeños fragmentos óseos permitió distinguir al Yak X de otros bovinos conocidos.
En este caso, unos fragmentos que aparentemente ofrecían poca información han permitido reconstruir 20 genomas antiguos y descubrir toda una especie que había permanecido invisible para la ciencia. El análisis genético de pequeños fragmentos óseos permitió distinguir al Yak X de otros bovinos conocidos.
El hallazgo refuerza además la importancia de la región de Altái-Sayán como uno de los grandes puntos de biodiversidad del Pleistoceno. Allí convivieron diferentes linajes de grandes mamíferos y también varios grupos humanos antiguos.
Y probablemente todavía queden especies por descubrir entre los miles de restos almacenados en yacimientos y colecciones arqueológicas.

